Cada segundo domingo de noviembre, Uruguay celebra el día de su santa patrona. Este año, la fiesta adquiere un significado especial con la visita del Papa León XIV, quien el 8 de noviembre oficiará la Santa Misa en la Catedral Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, en lo que será la actividad central de su viaje a tierras orientales.
Esta advocación mariana está íntimamente ligada a la historia y a la devoción del pueblo uruguayo. Hasta Florida, localidad donde se encuentra el santuario, cada año peregrinan miles de fieles para honrarla y pedir su intercesión. Esto cobra especial relevancia cuando se pone en contexto a las cifras de religiosidad en el país.
De acuerdo con la consultora uruguaya Cifra, sólo un tercio de la población uruguaya (33 %) se identifica como católica. De ese porcentaje, tan sólo el 9 % de la población dice practicar el catolicismo. En 1997, cerca del 60 % de los uruguayos decían ser católicos. Se trata de una marcada disminución en los últimos 30 años. Además, el 28 % de las personas aseguran ser agnósticas o ateas.
Este es el contexto en el que el Santo Padre celebrará la fiesta de Nuestra Señora de los Treinta y Tres. Ya en 2025, en un mensaje enviado con motivo del bicentenario de su patrona, León pidió a los uruguayos intensificar la evangelización, para que el mensaje católico llegue a todos, especialmente a los más vulnerables.
Historia de la Virgen de los Treinta y Tres
Y es que este empuje misionero que pidió el Papa León tiene mucho que ver con la historia de esta advocación mariana. Se cuenta que una imagen de la Asunción de la Virgen fue traída a Uruguay desde las misiones jesuitas guaraníes hasta la estancia llamada La Calera, donde fue colocada a la intemperie.
Allí, esta imagen de la Santísima Virgen fue de gran ayuda para que caminantes y viajeros se orientaran por el camino hacia el pueblo de Pintado, conocido hoy como Villa Vieja.
Tiempo después, los pobladores locales decidieron construir una capilla en donde la imagen fue colocada, aunque el templo fue dedicado a Nuestra Señora de Luján por la voluntad del hombre que cedió el terreno donde se construyó la edificación: el indio devoto don Antonio Díaz. En abril de 1809, las duras condiciones de la zona obligaron a los habitantes de Pintado a trasladarse a la Villa San Fernando, en el departamento de Florida.
Los devotos llevaron consigo la imagen de la Asunción de la Virgen. En Florida se construyó un nuevo templo también dedicado a Nuestra Señora de Luján, por iniciativa del P. Santiago Figueredo.
¿Por qué se llama la Virgen de los Treinta y Tres?
En 1825, en plena guerra de independencia contra la corona española, el general José Artigas llegó a la Villa San Fernando con un grupo de treinta y tres orientales para declarar la primera asamblea soberana, el llamado Congreso de Florida.
Los patriotas, un grupo integrado por funcionarios civiles y militares con el respaldo del pueblo, se dirigió hasta la iglesia para asistir al Te Deum. Tras la bendición concedida por el párroco, los treinta y tres hombres se acercaron a reverenciar la imagen de la Asunción, que había presidido la ceremonia, a quien confiaron su proyecto político.
Sólo unas semanas después, el 25 de agosto, se proclamaba la independencia de Uruguay. Una vez firmada el acta declaratoria, los constituyentes se dirigieron rumbo a la iglesia de la Florida —la futura Basílica Catedral—, para arrodillarse ante la sagrada imagen de la Asunción que allí estaba, y poner a la patria bajo su protección.
Desde entonces, a la imagen de la Virgen de la Basílica Catedral de Florida se le conoce como la Virgen de los Treinta y Tres. Con motivo de los 150 años de la independencia de Uruguay, celebrada en 1975, la nación declaró a la imagen y al templo donde se le venera como monumentos históricos.
La Virgen de los Treinta y Tres está tallada en cedro y mide unos 36 centímetros de alto. Está pintada de azul, blanco y oro, y porta una corona de oro con piedras preciosas, regalo de don Manuel Oribe, quien ocuparía después el cargo de Presidente de la República. La imagen fue proclamada “Patrona del Uruguay” en 1961 por el Papa San Juan XXIII.