La Santa Sede expresa profunda preocupación por los frecuentes ataques contra lugares de culto, comunidades religiosas e instalaciones sanitarias, así como por el uso de tecnologías como la inteligencia artificial en los conflictos. Exige el respeto y la protección de los civiles, quienes no deben ser tratados como «meros objetos y números», sino como personas con dignidad intrínseca, incluso en tiempos de guerra.