Tras el devastador terremoto que golpeó al país el pasado 24 de junio, el padre Antonio Rella, párroco de la parroquia Inmaculado Corazón de María, describe un panorama marcado por el dolor, la incertidumbre y la solidaridad. Mientras su comunidad se convierte en centro de ayuda para las zonas más afectadas, el sacerdote insiste en que la reconstrucción material y espiritual requerirá tiempo, perseverancia y oración.