La imagen del Cristo de la Vera Cruz de Urda será trasladado de su basílica a la parroquia de San Juan Bautista para presidir este sábado el funeral por las víctimas del accidente de tren.
La talla, corazón espiritual de esta localidad golpeada por la tragedia, fue realizada en Toledo por el imaginero Luis de Villoldo a finales del siglo XVI. De tamaño natural, representa a Cristo portando la cruz en su Pasión y expresa el sufrimiento humano padecido por el Redentor camino del Calvario.
La devoción a la imagen fue creciendo con el paso de los siglos y en la actualidad son miles los peregrinos que acuden a su basílica a finales de septiembre para participar en las procesiones y actos litúrgicos que de organizan en torno al día 29, cuando se celebra su fiesta.
Según informó la Archidiócesis de Toledo, la imagen del conocido también como “Cristo de la Mancha” será llevada en procesión a las 10 de la noche de este viernes, 30 de octubre, desde su basílica hasta la iglesia parroquial de San Juan Bautista, donde permanecerá hasta la noche del sábado, cuando retorne a la basílica menor urdetana.
Una imagen arrojada a una cantera
La imagen del Cristo de la Vera Cruz de Urda, custodiada en el lugar a lo largo del tiempo, fue ocultada durante la invasión de España por las tropas napoleónicas y la consecuente Guerra de Independencia.
Ya en el siglo XX, durante la Guerra Civil, la imagen fue sacada del templo y sus restos arrojados a una cantera. Según indica el sitio web oficial de la imagen, “un cantero local y un mecánico apodado ‘el Alemán’ los rescataron en secreto y los escondieron hasta 1939, cuando los entregaron a la Archicofradía”.
Así, pudo ser restaurada en Valencia para retornar a su camarín en agosto de 1939, cuatro meses después de finalizada la guerra.
Un lignum crucis y San Carlo Acutis
El templo que lleva su nombre fue elevado a basílica menor por el Papa Francisco en el año 2021. En su retablo, realizado en madera en el siglo XVII, se guarda la talla del titular en su camarín central, flanqueada por los arcángeles San Miguel y San Rafael.
En la basílica se guarda una reliquia del lignum crucis —el madero en el que fue crucificado Jesús— y otra de San Carlo Acutis, ofrecida por su madre, Antonia Salzano, en agradecimiento a la difusión de la devoción sobre su hijo que realizó el antiguo párroco, Juan Alberto Ramírez.