El obispo nicaragüense Silvio Báez afirmó que con las bienaventuranzas, “Jesús no nos propone un sueño imposible”, sino un mundo posible que se puede construir desde ahora.
“El mundo de las bienaventuranzas es un mundo que no existe; pero no existe porque todavía no lo hemos construido”, precisó el obispo auxiliar de Managua, en la homilía de la Misa que presidió el domingo 1 de noviembre en la parroquia Santa Agatha en Miami, Florida, en la Solemnidad de Todos los Santos.
“Jesús no nos propone un sueño imposible. Es cierto que ese mundo solo se realizará plenamente en la vida eterna, pero podemos acercarnos lo más posible a este ideal y empezar a construirlo desde ahora, en la historia”, subrayó el prelado, en el exilio desde 2019 por ser un crítico de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que desde 2018 ha emprendido una feroz persecución contra la Iglesia Católica.
Un camino de felicidad
“Al proclamar las bienaventuranzas, Jesús nos indica el camino de la felicidad y de la vida, y anima a quienes lo han elegido a perseverar en él. Jesús nos dice algo muy sencillo y muy audaz: si quieren ser felices de verdad, este es el camino. Las bienaventuranzas son el camino a seguir. En cada una, Jesús nos ofrece una selfie, un autorretrato suyo: quien las vive sigue al Maestro”, explicó el obispo.
Jesús, continuó Mons. Báez, “fue el pobre que enriqueció a todos, el manso y humilde de corazón que jamás hizo daño a nadie, el que lloró encontrando en Dios su consuelo, el que tuvo siempre hambre y sed de hacer la voluntad del Padre, el misericordioso con quienes no merecían misericordia, el de corazón limpio de toda doblez, el que anunció la paz y la selló entregando su vida”.
“Las bienaventuranzas no son solo un retrato de Jesús, sino también de los santos que lo han seguido con fidelidad y le han entregado su vida. Ellos son el signo más hermoso del Reino de Dios que ya está en medio de nosotros”, destacó.
“Ninguna de sus lágrimas se pierde”
El Obispo Auxiliar de Managua dijo además que “los santos pasan por el dolor y el llanto, pero ninguna de sus lágrimas se pierde, pues encuentran en Dios su consuelo; rechazan la violencia y jamás reaccionan agrediendo a los demás; viven con hambre y sed de justicia, deseando y luchando por un mundo como Dios lo quiere, y reciben en su corazón la seguridad de no quedar defraudados”.
“Los santos son también misericordiosos, dispuestos a inclinarse ante toda miseria humana para perdonar a quien ha fallado y ayudar a quien lo necesita; son limpios de corazón, sin doblez ni malas intenciones; son constructores de paz, promoviendo el diálogo y la reconciliación; aun calumniados y perseguidos por defender la verdad y el bien, permanecen firmes en la fe y la caridad”, continuó el prelado, uno de los cuatro obispos nicaragüenses forzados a salir del país.
Las bienaventuranzas, subrayó el prelado, “son el camino de la santidad y la alternativa para un mundo mejor: un mundo hecho de bondad, transparencia, misericordia y justicia, sin violencia ni mentira”.
“No han sido vividas solo por los santos que están en los altares: también las viven hoy los santos de la puerta de al lado, de los que hablaba el Papa Francisco”.
“Son la madre que se desvela por sus hijos y la abuela que reza en silencio. Son el padre que trabaja con honradez y el joven que no se deja arrastrar por la corrupción. Son el enfermo que sufre sin amargarse y el vecino que perdona sin llevar la cuenta. Nadie los canoniza, pero Dios los conoce y los llama por su nombre”, resaltó el obispo.
Para concluir, Mons. Báez animó a pedirle a Dios, en oración, “el don de la santidad”, y a los santos, “nuestros hermanos mayores, que nos enseñen a confiar, a perdonar, a compartir y a no perder la esperanza”.