El Patriarcado Latino de Jerusalén condenó el viernes “en los términos más fuertes posibles” el “cobarde” y “despiadado atentado terrorista” perpetrado por hombres armados contra una iglesia ortodoxa en Hamud, en la gobernación jordana de Al Karak. El ataque, ocurrido durante un funeral, dejó al menos seis muertos y 28 heridos.
En un comunicado difundido pocas horas después de la tragedia, la Iglesia expresó su dolor “con profunda tristeza y corazones apesadumbrados” y trasladó “nuestras más profundas condolencias y simpatía de corazón” a las familias de las víctimas, a los habitantes de Hamud y a todos los afectados.
El Patriarcado denunció que el ataque constituye una grave violación de la libertad religiosa y de los derechos fundamentales. Según el texto, se trata de un acto que “viola la santidad de un lugar de culto” y atenta contra “el derecho fundamental a la vida, a la seguridad y a la libertad” de vivir la propia fe “con dignidad”.
Al mismo tiempo, la Iglesia destacó el papel desempeñado por la monarquía jordana en la promoción de la convivencia. El comunicado expresó su “orgullo” por “el papel histórico y nacional jugado” por la dinastía hachemita, encabezada por el rey Abdalá II, para “consolidar los valores de moderación y tolerancia, defender la dignidad humana y salvaguardar la libertad de practicar ritos religiosos”.
En este contexto, subrayó que “la cohesión nacional del pueblo jordano sirve de salvaguarda vital contra el terrorismo, el extremismo y cualquier intento de sembrar división y discordia”.
“Una única familia nacional”
El Patriarcado insistió en la unidad entre cristianos y musulmanes en Jordania. “Los jordanos, tanto musulmanes como cristianos, forman una única familia nacional, unida por una historia compartida y un destino común”, afirmó el comunicado, que también manifestó su “apoyo total a los servicios de seguridad” encargados de perseguir a los responsables del ataque.
La nota concluye expresando el deseo de que “este calvario sirva como ocasión para renovar nuestro compromiso con la unidad nacional y la convivencia”, permaneciendo unidos frente a quienes pretendan socavar la seguridad y la estabilidad del país.
Las iglesias de Tierra Santa convocan un toque de campanas
Las campanas de todos los templos de la región tañeron sus campanas al mediodía de este sábado en señal de duelo y solidaridad con las víctimas.
En un comunicado conjunto, los patriarcas y cabezas de las Iglesias de Jerusalén calificaron el atentado de “atroz e inhumano” y denunciaron que “atacar a personas de luto mientras rezan en una casa de Dios durante el funeral de sus fallecidos viola cualquier valor sagrado y humano”.
Los líderes cristianos afirmaron además que el ataque constituye “un ataque contra toda la comunidad cristiana” de Jordania y contra “el tejido ejemplar de la sociedad jordana, en la que musulmanes y cristianos han convivido en unidad y fraternidad durante generaciones”.
El rey Abdalá II promete una respuesta contundente
Las condenas de las autoridades eclesiales coincidieron con las expresadas por las máximas autoridades del país. El rey Abdalá II calificó el tiroteo de “acto terrorista” y llamó a la unidad nacional frente a quienes intentan sembrar división.
“Este atentado recibirá la más dura represalia. Quienes se engañan pensando que pueden dividir a los jordanos con sus balas no tienen ninguna oportunidad ante nuestra unidad”, escribió el monarca en su cuenta oficial de X.
Los patriarcas de Jerusalén se mostraron “animados” por las palabras del rey y por “el firme rechazo del pueblo jordano” al atentado, al considerar que estos actos “no pueden conseguir y no conseguirán minar la unidad del pueblo de Jordania”.
Tras el ataque, varios altos cargos del Gobierno viajaron a Al Karak, entre ellos el primer ministro Jafar Hassan. Durante su visita calificó el tiroteo como un “acto vergonzoso y despreciable” y atribuyó la acción a extremistas vinculados al grupo terrorista Estado Islámico. “No será tolerado”, aseguró.
Aunque Jordania es considerada uno de los países más estables de la región, este tipo de ataques son poco frecuentes. El país cuenta con una población de unos 11,5 millones de habitantes, mayoritariamente musulmana, mientras que los cristianos representan aproximadamente el 3 % de la población.