Viernes Santo, silencio ante la muerte del Señor

Celebrados los Oficios de la Pasión y muerte del Señor, presididos en la Catedral por nuestro arzobispo.

Silencio, recogimiento, sobriedad. Así ha sido la liturgia que se celebra hoy Viernes Santo, en los Oficios de la Pasión y muerte del Señor, en la que se conmemora la expiración del Señor en la cruz, a la espera de la resurrección gloriosa.

En la Catedral, los Oficios han sido presididos por nuestro arzobispo, concelebrada por miembros del Cabildo catedralicio, con la participación de los seminaristas y la comunidad de fieles. En silencio, comenzó una liturgia en la que el arzobispo se postró de cuerpo tendido en el suelo, ante el altar, junto a los sacerdotes concelebrantes, de rodillas.

Tras el relato de la pasión del Señor, en el que Jesús es condenado a muerte y una muerte en la cruz, la adoración de la cruz ha concentrado el momento central litúrgico, junto a la comunión procedente de la consagración en los Oficios del Jueves Santo, ya que hoy no se ha celebrado una Eucaristía.

Por la nave central, y bajo el himno “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo, venid a adorarlo”, la cruz de Cristo atravesaba la Catedral hasta el altar, portada por el rector del Seminario Mayor San Cecilio y miembro del cabildo catedralicio, D. Moisés Fernández. En ese punto, los fieles fueron desfilando ante la cruz del Señor, adorándola con una genuflexión o inclinando la cabeza, y la oración interior.

En la oración de los fieles, entre otras, se ha pedido por la paz, por las familias, por los enfermos y abandonados, y también por quienes no creen en Dios o no creen en Jesucristo, para que el Espíritu Santo le lleve hasta Él.

La colecta de este Viernes Santo se destina al sostenimiento de los Santos Lugares en Tierra Santa, es decir, los lugares en los que Jesús nació, creció, ejerció su ministerio público, fue condenado en la cruz, padeció, murió y resucitó.

EL SENTIDO DE LA CRUZ REDENTORA
En sus palabras durante la homilía, Mons. Gil Tamayo ha hablado del sentido de la cruz, que todos llevamos en nuestra vida “de un modo o de otro”.

“En este mundo nuestro, en el que parece que vamos buscando solo el placer, solo el tener, solo el éxito, solo el poder, se nos levanta la cruz para decirnos que es lo más humano, lo más comprensible. Ahí está Cristo. Y sabemos encontrar en las cruces de los demás a ese Cristo sufriente, con el que Cristo se solidariza y carga sobre sí el sufrimiento de la humanidad”.

“Cristo sabe de nuestros dolores, de nuestras angustias, de nuestras penas, de nuestros sufrimientos. Nada humano le es ajeno. Él le dice al hombre, como dice el concilio, lo que debe ser el hombre. Él es la suprema vocación del hombre. Por eso adoramos su cruz. El pueblo cristiano la invoca en el viacrucis y, al fin y al cabo, la vida es un viacrucis, es un camino de cruz”, explicó.

Nuestro arzobispo profundizó en el sentido de vida que es la cruz redentora de Cristo, en su entrega amorosa y vicaria por cada uno de nosotros. “’¡Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo!’. Por la cruz se llega a la resurrección. Por la entrega y el sacrificio se vive el amor más espléndido, el que da fruto˝.

“Quien quiera liberarse de la cruz, quien quiera apartar el dolor en su vida, quien no quiera entender nada de la entrega y del sacrificio, va a vivir en la esterilidad, va a vivir en la soledad. En cambio, cuando sabemos ser comprensivos y aceptamos hoy nosotros las cruces de los demás como cirineos, viene la alegría y hacemos un mundo mejor”.

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