VI Domingo de Pascua

Comentario al Evangelio en el VI Domingo de Pascua, día de la Ascensión del Señor, del 17 de mayo de 2026. Realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Bíblica de Granada.

La Ascensión del Señor no es una despedida, sino un envío. Jesús no se desentiende del mundo al subir al Padre; al contrario, confía su obra a los discípulos. La misión cristiana consiste en anunciar con la palabra y con la vida que Cristo vive, que el mal no tiene la última palabra y que la humanidad está llamada a la comunión con Dios.

¿QUÉ HACÉIS AHÍ PLANTADOS MIRANDO AL CIELO? (Hch 1, 1-11)

La primera lectura tomada del libro de los Hechos comienza con un prólogo, dirigido a Teófilo, a través del cual, Lucas conecta esta parte de su obra con la anterior, el evangelio, para ello hace un resumen sobre la vida de Jesús. Comienza con el inicio de su predicación con gestos y palabras, continuando después con su pasión y resurrección. El autor señala cómo el Señor Resucitado se aparece durante cuarenta días hablándoles del Reino de Dios.

Seguidamente, sitúa la escena de la Ascensión, a la que ya ha hecho también mención en el evangelio (Lc 24, 50-53). Jesús está con los apóstoles en contexto de comida compartida y, tras pedirles que no se alejen de Jerusalén, les anuncia la promesa del Espíritu. Él les dará la fuerza para ser “sus testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo” (Hch 1,8), programa que se irá realizando progresivamente en el libro de los Hechos.

Los apóstoles parecen no haber entendido nada. Tras un diálogo sobre la restauración de Israel, que ellos interpretan en clave política, Jesús asciende al cielo. Ellos lo ven levantarse hasta que una nube se lo quita de la vista. La nube es símbolo de la presencia de Dios tanto en el itinerario del Éxodo que acompaña a los israelitas (Ex 13,22; 40, 36-38), como en la transfiguración (Lc 9, 34). Jesús va a entrar así en la esfera de Dios.

Mientras los apóstoles miran asombrados ese ascenso progresivo de Jesús, dos hombres de blanco los devuelven a la realidad: “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” Jesús se ha marchado y ellos aún han de cumplir el encargo de ser sus testigos hasta los confines del mundo. Jesús se ha ido, ahora comienza su tarea.

ID Y HACED DISCÍPULOS (Mt 28, 16-20)

El evangelio de hoy lo encontramos al final del relato de Mateo. La escena está situada en un monte, donde Jesús también había iniciado su enseñanza. En el relato se encuentran los once, que, al ver al Jesús, asombrados por su presencia, unos le adoran y otros dudan. Jesús les dirige unas palabras que podemos estructurar en tres partes:

1) Una sentencia de autoridad: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (28,18b). El poder de Jesús ha sido dado por el Padre y es global, en sentido intensivo (todo) y en sentido extensivo (en el cielo y en la tierra). Con su resurrección, Jesús ha sido exaltado y constituido soberano del universo.

2) Un mandato de misión (19- 20 a): Id y haced discípulos… bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles…Jesús manda a sus discípulos a ir por todo el mundo y hacer discípulos a todas las gentes. “El “hacer discípulos” conllevará dos acciones: bautizar y enseñar. La forma concreta de realizar el discipulado es bautizarse, sumergirse en la Trinidad, que implica no sólo aceptar una enseñanza sino vincularse vitalmente, existencialmente: participar de la eterna danza trinitaria.

El bautizado es incorporado a una nueva vida a través del bautismo y por tanto ha de vivir según esa nueva vida. El encargo de Jesús a los once consiste en enseñar a vivir de acuerdo con ésta. Al igual que Jesús ha ejercido el oficio de maestro, así deben hacerlo los discípulos. Las palabras que Jesús ha transmitido a los discípulos son ahora su verdadero testamento.

a) Una promesa (28, 20b): Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Esta promesa del “Dios-con-nosotros” en Jesús que se ha ido desplegando por el evangelio (1,23; 18,20) culmina ahora al final del mismo. Los discípulos en esta historia han de realizar su tarea y para ello los acompañará el Resucitado, dinámicamente presente en la comunidad.

LA PALABRA HOY

La Ascensión nos recuerda que la fe no es evasión del mundo, sino responsabilidad. Los discípulos no pueden quedarse mirando al cielo; el ángel los devuelve a la historia. Celebrar la Ascensión es, por tanto, renovar nuestra conciencia misionera. Cada bautizado es enviado allí donde vive, trabaja y ama. La Iglesia mira al cielo, sí, pero con los pies firmemente puestos en la tierra, sabiendo que su Señor reina glorioso y sigue actuando en medio del mundo a través de quienes se dejan enviar.

Carmen Román Martínez, op

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