El arzobispo de Spoleto-Norcia interviene tras la aprobación de la ley regional sobre el suicidio médicamente asistido. La amargura de los obispos y la exhortación a la responsabilidad de la política y de las comunidades cristianas: «La atención más urgente consiste en hacer sentir a los enfermos y a sus familias que no están solos».
La llamada a los cuidados paliativos y a la coherencia por parte de los representantes de las instituciones.