En vísperas de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, una antigua costumbre resurge en el debate público. La suspensión simbólica del conflicto que acompaña a los Juegos Olímpicos tiene sus raíces en el mundo griego, donde el respeto por los tiempos sagrados y los espacios compartidos posibilitaba los encuentros incluso entre ciudades en guerra. Recorrer su historia implica cuestionar el valor de las fronteras, tanto de ayer como de hoy.