El número de fallecidos por el terremoto de magnitud 7,7 ha ascendido a unos 47. Varias iglesias y capillas de la arquidiócesis de Ende resultaron dañadas. El arzobispo Paulus Budi Kleden, aún atrapado en una de las zonas afectadas, exhorta a los fieles a mantenerse alerta y a orar, y está organizando celebraciones eucarísticas al aire libre.