Carmen María Ramírez Checa es uno de los rostros de la Iglesia Diocesana, que celebramos este domingo con el lema “Dios cuenta contigo”, con una llamada a todos los bautizados a dedicar su talento, tiempo, oración y, si es posible, dinero, participando así en una Iglesia que es cercana y al servicio de la misión.
Una operación en un pie hace siete años le cambió la vida y se hizo sacristana. Carmen María Ramírez Checa es una maestra de Educación Infantil que tuvo que jubilarse hace siete años por su operación en el pie, después de 32 años dedicándose a ello en Almuñécar y Granada. Además, debido a esa operación tuvo que trasladarse desde Granada a Loja y decidió cambiar de lugar.
Un día el párroco en aquel entonces, D. Juan Carlos Hidalgo, le preguntó “Carmen, ¿quieres ayudarme en la iglesia?”. Y su respuesta fue “sí,claro”: “Entonces, a raíz de ahí, ya empecé”.

A sus 60 años, Carmen Ramírez es hoy sacristana de la iglesia Mayor de la Encarnación en Loja, así como de sus distintas ermitas, la de la Caridad -nombre de la patrona del pueblo- o la ermita de Jesús y el convento de Santo Clara. Desde hace siete años sirve, coincidiendo con su operación de pie, en estos templos como sacristana, en sus distintas funciones, también cuando hay bodas o funerales. Primero con el sacerdote D. Juan Carlos Hidalgo, que después fue trasladado a Granada, y después con el párroco D. Enrique Ferrer.
IMPLICARSE CON LA PARROQUIA
Esta tarea en la parroquia, con la que entrega su talento y tiempo, le llena de felicidad: “Me siento feliz y tranquila. Yo lo veo así: para mí el sacerdote es Dios en la tierra. Entonces, mi gran satisfacción es que estoy ayudando a Dios y, sobre todo, a la Iglesia, a la comunidad. Haciendo esto, me siento tranquila y feliz”, explica Carmen María.
“Yo lo que pretendo es que el sacerdote esté a gusto y esté tranquilo. Porque ellos saben que cuando ellos llegan está todo controlado. Entonces, ellos entran con mucha tranquilidad. Estoy pendiente de que el cura esté, sobre todo, a gusto, y que esté tranquilo, para cuando él llegue, que esté todo preparado”, insiste.
La tarea de Carmen María, uno de los rostros de la Iglesia Diocesana, es abrir la puerta del templo, encender las luces y tocar las campanas. Prepara todo lo necesario para la celebración de la Misa: coger el cáliz y poner el purificador, el corporal, poner las formas, “tanto las formas pequeñas como las grandes”, poner el vino y el agua, barrer la iglesia, preparar el alba y la casulla con su color litúrgico correspondiente y mantenerlas en óptimas condiciones, anotar en un papel las misas de difunto de ese día, preparar el leccionario, avisar de comprar las sagradas formas o el vino para después la consagración en la misa… y, al final de las celebraciones, de nuevo apagar las luces y cerrar la puerta.

También en las bodas, Carmen María está para lo que se necesita en la parroquia, incluido barrer la puerta del templo del arroz lanzado para los novios. Incluso cuando pasa el cepillo en la Santa Misa, especialmente con las personas con las que tiene confianza, aprovecha para invitar a los fieles a ser partícipes de la vida comunitaria, bien en esa tarea o en otra cualquiera de la parroquia. “Me dan las gracias”, señala sobre su atrevimiento a la hora de invitar a forman parte activa de la comunidad, sintiéndola como propia.

Además de su talento y su tiempo, Carmen María también reza, “todos los días, todos los días”. “Yo soy muy, muy cristiana. Yo rezo por la mañana, por la noche, hablo con Dios aquí, con Él, hablo con Él. Dios para mí es como si fuera un amigo. Y le digo, ‘hola, buenas noches, mira, oye, estoy así, oye’; y yo hablo con Él como si fuera mi amigo, ¿entiendes?”, explica con contundencia y un halo de felicidad, que se desliza entre sus palabras al hablar de quien te hace sentir así.
Carmen María, que recuerda la gran fe de sus padres y de sus hermanos, fieles en la Santa Misa diaria, anima a otras personas a implicarse en sus parroquias, con su tiempo, talento u oración como hace ella.
“Cuento esto para ayudar a la comunidad de Loja y a la comunidad de la iglesia de Santa María de la Encarnación”, señala, indicando a continuación que otras personas puedan implicarse, sintiéndose comunidad en la familia de la fe en Jesucristo. Una implicación que a Carmen María le llena de felicidad, formando parte de esa familia, unidos en la fe.
Paqui Pallarés
