Mientras que el número de fallecidos por el violento terremoto en la isla de Flores supera ya los 50, la Iglesia católica de Indonesia se moviliza para prestar ayuda. Numerosas iglesias han sufrido daños. El obispo de una de las localidades más afectadas afirma: “El sufrimiento es enorme, pero en la fragilidad podemos sentir la presencia de la gracia de Dios”