El ataque tuvo lugar en el estado de Kaduna, una de las zonas más inestables del país. Según los testimonios, los asaltantes llegaron en gran número, rodearon los edificios de culto y bloquearon las vías de acceso, obligando a los fieles a salir por la fuerza y llevándolos al bosque. Según Open Doors, en 2025 fueron asesinadas 3490 personas en el país africano por motivos relacionados con la fe.