Los presuntos autores pertenecen a Lakurawa, una organización yihadista activa en las regiones fronterizas entre Nigeria y Níger. Inicialmente formada como un grupo de autodefensa contra el bandidaje local, el movimiento se ha radicalizado gradualmente, imponiendo impuestos a las comunidades rurales, llevando a cabo secuestros y ataques contra civiles y fuerzas de seguridad.