El número de fallecidos ya supera los 900. La situación se complica aún más por el deterioro del saneamiento y la higiene en las zonas afectadas. Quienes se encuentran aislados necesitan urgentemente agua potable para beber y bañarse, mientras que las tuberías dañadas y la posible contaminación de las fuentes de agua avivan el temor a nuevos y graves problemas de salud.