Fuertes vientos y lluvias torrenciales han azotado la provincia de Toamasina, afectando a casi 500.000 personas y causando decenas de muertos y cientos de heridos. Los obispos lamentan la pérdida e instan a todos los católicos a ayudar a las víctimas. UNICEF informa que miles de niños se encuentran entre los desplazados.