León XIV llama a anunciar el Evangelio “con valentía”, incluso allí donde no es comprendido

Durante el Ángelus de este domingo, el Papa León XIV aseguró que la alegría de Cristo que anuncian los cristianos “no es artificial” y alentó a los fieles a no desanimarse cuando “el bien que ofrecemos no siempre es comprendido, reconocido o apreciado”.

Al reflexionar sobre el Evangelio del día, que relata la parábola del banquete de bodas que un rey prepara para su hijo, el Pontífice invitó a mirar el ejemplo del monarca que, “frente al rechazo, no suspende la boda ni cancela los festejos”.

“Es más, extiende su invitación a un número aún mayor de personas, enviando a sus siervos a llamarlas por las calles, de modo que la alegría de los esposos sea un don para todos”, explicó.

Asomado al balcón del Palacio Apostólico, el Santo Padre pidió rezar para “crecer” en la alegría de Cristo y “anunciarla siempre y en todas partes, también allí donde no es comprendida; con generosidad, con valentía y con fe”.

Una alegría que busca compartirse

Al comentar la parábola, León XIV subrayó que el matrimonio de un hijo constituye un momento especial para cualquier familia y que el padre del relato desea compartir su felicidad con todos.

Según explicó, la imagen evangélica refleja una realidad cotidiana: cuando sucede algo bueno, surge espontáneamente el deseo de incluir a otros en la propia alegría. Sin embargo, los invitados a la fiesta reaccionan de forma inesperada. En lugar de aceptar la invitación, prefieren continuar con sus asuntos y, en algunos casos, llegan incluso a insultar y matar a los mensajeros del rey.

“Lamentablemente, esto también sucede: el bien que ofrecemos no siempre es comprendido, reconocido o apreciado; a veces incluso es malinterpretado y rechazado. Pero eso no debe desanimarnos”, advirtió.

Los protagonistas de la parábola

El Pontífice recordó también la interpretación de san Jerónimo, quien identifica al rey con Dios Padre, al esposo con Jesucristo y a la esposa con la Iglesia. “Entre los protagonistas, entonces, estamos también nosotros, elegidos por el Señor para compartir con Él nuestra existencia y para ser junto a Él portadores de vida”, señaló.

En esta perspectiva, explicó que la fiesta de bodas representa la vida cristiana y que la sala del banquete son “nuestras iglesias, nuestras casas, los lugares donde vivimos”, espacios en los que Cristo continúa manifestando su amor y esperando la respuesta de los creyentes.

Allí, añadió, los fieles se encuentran con Jesús “como la esposa, con la vestidura blanca del Bautismo y ataviados con las joyas de las buenas obras”, que acercan a las personas a Dios y fortalecen la comunión entre ellas.

Un don para la salvación del mundo

En la parte final de su reflexión, León XIV insistió en que la alegría cristiana no es superficial ni fabricada. “No es artificial, sino profunda, concreta, real, hermosa como los rostros de las personas que encontramos, verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, las manos estrechadas, los gestos de bien de nuestras jornadas. Y es un don de Dios para la salvación del mundo”.

Por último, invitó a los fieles a encomendarse a la Virgen María para aprender a vivir y transmitir esa alegría que nace del encuentro con Cristo.

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