En el encuentro con las realidades diocesanes de caridad y asistencia, el Papa, además de recalcar su afición al tenis, que no hay que abandonar a los abuelos o que hay que aprender a perdonar, recordó que el cristiano además de ser bondadoso, compasivo y desinteresado, debe ser consciente de que el hermano que sufre, es el mismo Señor, que debe ser acogido y amado, porque su dignidad no depende de quién es, de dónde viene o qué posee, sino del haber sido creado a imagen de Dios.