Ante los ojos de admiración de los huérfanos, sus cuidadores, voluntarios y las religiosas Hijas de María, en el Orfanato de Ngul Zamba, el Papa, lleva palabras de esperanza y consuelo al recordar que en un mundo marcado por la indiferencia y el egoísmo”, ahí donde hay miseria, sufrimiento o injusticia, Dios está presente, y en Su familia nadie es nunca un extranjero o un abandonado.