En la catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, la Iglesia local se muestra en toda su riqueza, tanto en la atención a los más vulnerables como a los numerosos migrantes que llegan, y a pesar de las dificultades en la transmisión de la fe. «Queremos ser una Iglesia abierta y acogedora, capaz de anunciar el Evangelio —subraya el obispo de las Islas Canarias, José Mazuelos Pérez—, incluso en una sociedad plural y en constante cambio»