“La Eucaristía es la muestra del amor grande e infinito de Dios por nosotros”

Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del jueves de Corpus Christi, celebrada en la Catedral el 4 de junio de 2026, previa a la procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de Granada.

(…), querida Junta de Cofradías, Federación de Cofradías de Granada;
queridos Hermanos Mayores y representantes de las Hermandades y Cofradías de Granada;
queridos hermanos y hermanas, todos en el Señor:

Feliz día del Corpus, feliz día del Señor.

Y en este día tan grande que lo manifestáis con vuestra presencia en este templo y, sobre todo, con vuestro respeto y con vuestro cariño en nuestras calles, le pido al Señor que os bendiga, que salga en ayuda de vuestras necesidades. Pido especialmente por los enfermos, por los ancianos, por los que nos han dejado y viven en otras partes buscándose mejores medios de vida. Pido también por quienes llegan para que les acojamos. En este día grande, damos culto y honor especial a Cristo presente en la Eucaristía.

La Reina Isabel trae dos devociones esenciales en Granada. Por una parte, el amor a Nuestra Señora, que se centra en la Virgen Santísima, la Virgen de las Angustias, que también saca a la calle, porque la llevamos en el corazón de manera profunda e imborrable, a todo el pueblo de Granada. Pero también la Eucaristía, el centro y la cumbre de la vida cristiana, la raíz fundamental de lo que somos y donde Dios se nos hace presente en el memorial de Su muerte y Resurrección.

Anunciamos Tu muerte, proclamamos Tu Resurrección. “Ven, Señor Jesús”, le decimos. Cristo, presente en la Eucaristía con Su Cuerpo, con Su Sangre, con su alma y con su divinidad.

Cristo, que, como hemos escuchado, es el verdadero pan de vida, el pan que nos da la vida cristiana, que nos da la vida de la Gracia, que inhabita en nuestros corazones, que hace realidad el saludo litúrgico de que el Señor esté con vosotros.

Cristo, que se queda en medio de nosotros como Presencia, al que acudimos en nuestra oración confiada, en nuestras iglesias, especialmente las abiertas para la adoración, donde vamos como verdaderos remansos de paz a abrirle nuestro corazón al Señor, mostrarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras contrariedades, pero también a dar gracias; donde vamos a adorar a Dios en medio de nosotros. Pero Cristo se queda como alimento, el alimento que nos ayuda a caminar en los caminos de la vida, como alimento con Su Cuerpo y con Su Sangre, el que nos da la vida eterna y anticipa en nosotros la Resurrección.

Cristo se queda en medio de nosotros. Pero, se queda como pan partido, como sangre ofrecida, como sacrificio, como presencia, como alimento. Pero Cristo nos invita a la unidad y yo quiero fijarme, después de escuchar la Carta del apóstol Pablo que ha sido proclamada. Pidamos al Señor la unidad. Pidamos al Señor la concordia, en medio de una sociedad muchas veces polarizada. Pidamos al Señor que formemos cada uno en la pluralidad y en la diversidad de sus dones, de sus opciones, pero, sobre todo, esa opción por el bien común, que está más allá de lo que se llaman los intereses generales o los intereses particulares o los intereses con apellidos, sino el bien común que busca, sobre todo, la felicidad, el progreso y los verdaderos valores y el respeto a la dignidad fundamental de la persona humana.

Pidamos que nuestra sociedad sea una sociedad donde la convivencia y la concordia sea posible, donde la unión entre todos sea una realidad. Esto le pido al Señor especialmente en estos momentos y creo que el Papa Ben León XIV, al que recibiremos pasado mañana ya en España, traerá este mensaje de llamada a la concordia, a la unidad, al respeto y realmente lo necesitamos.

“Como estaba el pan disperso por las tierras de labor, así haz uno en esta ofrenda, haznos uno en ti, Señor”. La Eucaristía es unidad. No puede uno acercarse a la Eucaristía teniendo en su cuenta enfrentamientos, teniendo en su cuenta falta de paz, teniendo en su cuenta violencia. Al contrario, la Eucaristía nos lleva a la unidad, a la caridad, a la paz.

Y la Eucaristía es también la muestra del amor grande e infinito de Dios por nosotros. Nadie tiene amor más grande, dice Jesús, que el que da la vida por sus amigos. “Vosotros sois mis amigos”, nos dice. Y antes de la Cena, en que Él se pone a lavarle los pies a sus discípulos, enseñar de la humildad de Dios que se abaja, Cristo nos dice que nos ama. Nos da el mandamiento nuevo del amor. Este es mi mandamiento, que “os améis los unos a los otros como Yo os he amado. En esto reconocerán que sois mis discípulos”. Es el distintivo de los cristianos y es la exigencia fundamental de nuestra vida. Cristo, que nos dice el evangelista, que habiendo amado los suyos, que Dios los amó hasta el extremo, nos muestra que este es el camino. Porque la fe esencial es que Dios es Amor. Nosotros hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en Él, nos dice San Juan en su Primera Carta.

Pero, queridos amigos, la Eucaristía nos tiene que ayudar a ser mejor cada uno, como cristianos y también como fieles de la Iglesia, pero también como ciudadanos que respetan este Misterio. Yo veo ese respeto por las calles, veo el cariño, veo la oración, veo la devoción del pueblo de Granada, pero veo también el respeto exquisito de quienes no comulgan con nosotros, pero viven ese respeto heredado de sus mayores hacia el que es el centro, el culmen, al que es el alfa y la omega, el principio y el fin, el Señor. Por eso, en este Día del Señor, pidamos la unidad, la concordia, la colaboración entre todos, el buscar el bien común, la paz en nuestro mundo. Vamos a pedir eso hacia el Señor y seguro que nos escucha.

Y hoy, al salir de nuestras calles, que nuestra oración de alabanza lleve también la de gratitud por tantos favores recibido. Y pidamos que el Señor entre en nuestros corazones por la Gracia. Pidamos que entre en nuestras casas, que dé salud a nuestros enfermos, que dé alivio a los que sufren, que dé prosperidad a quienes carecen de ella, porque Cristo en la Eucaristía demanda justicia.

Y en este día es el día también de la caridad. Es el día en que Cáritas nos pide que colaboremos y ayudemos como organización de la Iglesia que sale en socorro de los más desvalidos, de los más pobres. No se puede separar caridad de Eucaristía. La caridad nos lleva a vivir la Eucaristía. La Eucaristía nos lleva a fortalecer la caridad entre todos como expresión de nuestro amor a Dios.

Que la Virgen Santísima de las Angustias nos acoja, nos acompañe, nos proteja y nos ayude a querer a su Hijo como Ella que lo tiene ante sí, como oferente la tiene ante sí, dándonos a Jesús el fruto bendito de su vientre.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Catedral de Granada
4 de junio de 2026

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