Jacinto Vera, el beato que León XIV puso de ejemplo a obispos, sacerdotes y religiosas en Uruguay

El Papa León XIV puso al Beato Jacinto Vera como ejemplo a los obispos, sacerdotes y religiosas reunidos este viernes en la Catedral de Montevideo, Uruguay.

“Quienes se acercaban a él encontraban algo de la bondad de Cristo, incluso antes de escuchar una palabra de su predicación”, dijo el Papa León XIV sobre el Beato Jacinto Vera, durante el rezo de las vísperas con los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y seminaristas uruguayos en la Catedral de Montevideo.

“Bajo las bóvedas de esta Catedral descansa el cuerpo del beato Jacinto Vera. En ese sepulcro esperan la resurrección aquellos pies que recorrieron los caminos del Uruguay para llevar el Evangelio a su pueblo”, dijo el Santo Padre sobre el obispo, que fue beatificado el 6 de mayo de 2023 en el emblemático Estadio Centenario de Montevideo.

También aguardan “las manos que bendijeron, socorrieron a los pobres y administraron los sacramentos; los oídos que acogieron incontables confidencias y los ojos que se detuvieron en quienes necesitaban ayuda”.

León XIV recordó las palabras que una religiosa que lo conoció y que resaltaba su sencillez, incluso en su manera de caminar. “De verlo nada más parecía que estaba siempre en oración”.

El Papa destacó entonces, sobre Jacinto Vera, que “el trato con Dios había modelado su rostro, sus gestos, su manera de estar entre los demás. Quienes se acercaban a él encontraban algo de la bondad de Cristo, incluso antes de escuchar una palabra de su predicación”.

¿Quién fue el beato Jacinto Vera?

El beato Jacinto Vera y Durán fue el primer obispo de Uruguay. Nació el 3 de julio de 1813 a bordo de un barco en el Océano Atlántico, mientras su familia emigraba desde las Islas Canarias en España a Uruguay.

En su juventud se dedicó a las tareas rurales en Maldonado y en Toledo. El llamado al sacerdocio llegó a los 19 años. Se formó en Buenos Aires (Argentina), donde fue ordenado sacerdote el 5 de junio de 1841.

Fue párroco de la Villa de Guadalupe de Canelones, donde permaneció durante 17 años, entre 1842 y 1859, según refiere una biografía del beato publicada en el sitio web del Dicasterio de las Causas de los Santos.

En 1859 fue nombrado Vicario Apostólico de Montevideo, donde se dedicó a la formación del clero y a la pastoral, realizando extensos viajes misioneros e interviniendo para resolver conflictos, como la defensa de la jurisdicción eclesiástica frente al gobierno. Por esa postura fue condenado al exilio desde octubre de 1862 hasta agosto de 1863, periodo que pasó en Buenos Aires.

En 22 de septiembre de 1864 fue designado obispo titular de Megara, siendo consagrado el 16 de julio de 1865. De octubre de 1869 a diciembre de 1870 participó en el Concilio Vaticano I.

El 25 de enero de 1871 regresó a Montevideo, donde se esforzó al máximo por poner fin a la guerra civil. La paz le permitió revitalizar su actividad misionera, fortalecida por la llegada de los jesuitas y el primer grupo de salesianos. El 4 de junio de 1875 consagró Uruguay al Sagrado Corazón de Jesús.

Tras la creación de la Diócesis de Montevideo fue nombrado su primer obispo el 13 de julio de 1878. Visitó todos los lugares de misión. El 28 de abril de 1881 partió hacia su última misión, con destino a Pan de Azúcar (Uruguay), lo que afectó seriamente la salud por las duras condiciones del viaje. Murió allí el 6 de mayo de 1881.

El milagro para su beatificación, la curación de una niña en 1936, fue aprobado por el Papa Francisco el 17 de diciembre de 2022. Jacinto Vera fue beatificado el 6 de mayo de 2023 en Montevideo.

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