En un país de más de 270 millones de habitantes, en su mayoría musulmanes, junto con cristianos, hindúes, budistas y miembros de otras tradiciones religiosas, la demanda de una política que sirva a la persona humana se ha convertido en un sentimiento generalizado. Los obispos del país sostienen que se trata de una crisis multidimensional que afecta simultáneamente a los ámbitos social, económico, político, ecológico y moral.