Obispo emérito de Chuquibambilla, el religioso agustino se entregó profundamente a su labor en Apurímac, donde era querido por la gente. Junto a los campesinos llevó adelante numerosos proyectos de desarrollo. Una profunda amistad lo unía a su hermano de orden Robert Prevost, a quien conoció en la misión y con quien, a lo largo de los años, siempre permaneció en contacto, correspondiendo a sus visitas.