Desde el cementerio romano, “que es como un umbral entre este mundo y el más allá”, León XIV recuerda que, animados por la fe en Cristo, la muerte no rompe el vínculo con nuestros difuntos, lo transforma. Una oración también por quienes han perdido un ser querido a causa de la violencia de la guerra, para que sus lágrimas conmuevan las conciencias de quienes tienen el poder de hacer callar las armas.