El Papa León XIV recibe al presidente de los obispos de Nicaragua

El Papa León XIV recibió este lunes 12 de octubre en el Vaticano a Mons. Carlos Herrera Gutiérrez, Obispo de Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

La Oficina de Prensa del Vaticano informó del encuentro aunque no dio mayores detalles al respecto, como suele suceder con este tipo de audiencias.

Es la segunda vez que el Papa León XIV recibe a Mons. Herrera en audiencia. La primera fue el 23 de agosto de 2025. En esa ocasión, el prelado nicaragüense acudió a la audiencia junto a Mons. Silvio Báez, Obispo Auxiliar de Managua, y Mons. Isidoro Mora, Obispo de Siuna.

En agosto no participó del encuentro Mons. Rolando Álvarez, Obispo de Matagalpa y Administrador Apostólico de Estelí, quien fue deportado a Roma en enero de 2024, pero que sí fue recibido por el Santo Padre en noviembre de 2025.

Estos cuatro obispos en total están en el exilio debido a la brutal persecución de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra la Iglesia Católica en Nicaragua.

Martha Patricia Molina, investigadora y autora del informe Nicaragua: Una Iglesia perseguida, que da cuenta de miles de ataques del régimen desde 2018, dijo este lunes a ACI Prensa que “Monseñor Herrera es uno de los obispos desterrados por la dictadura sandinista y esta ocasión es una excelente oportunidad para que el obispo le platique al Papa acerca de la realidad que se vive en Nicaragua en torno a la persecución religiosa”.

Un nuevo diácono nicaragüense ordenado en Roma

El encuentro del obispo nicaragüense con el Santo Padre se produce dos días después de la ordenación diaconal de Alester de Jesús Sáenz Centeno, quien era seminarista de la Diócesis de Siuna y que fue deportado a Roma en enero de 2024, en el mismo grupo de Mons. Rolando Álvarez.

Sáenz Centeno es uno de los 11 diáconos ordenados el 10 de octubre en la Basílica de San Juan Letrán, la Catedral de Roma, en una Misa que fue presidida por el Cardenal Baldassare Reina, Vicario General de la Diócesis de Roma.

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En Nicaragua hay actualmente cuatro jurisdicciones en las que las ordenaciones sacerdotales y diaconales están prohibidas: Siuna, Estelí, Matagalpa y Jinotega, diócesis cuyos obispos no están en el país por estar desterrados.

Molina dijo a ACI Prensa que en el caso de Siuna, esta diócesis “realiza su trabajo pastoral con el 65 % de su clero, el resto se encuentra en el exilio debido a la persecución política”.

Entonces, continuó, “algunos han optado por trasladar su servicio pastoral a una diócesis donde la dictadura sandinista sí permite las ordenaciones. También existen casos que salen al exilio para ser ordenados por sus pastores o, en el peor de las situaciones, quedan en un limbo, como egresados del seminario, pero prestando servicios a sus respectivas parroquias mientras la situación mejore y nuevamente permitan las ordenaciones”.

Tras precisar que “la persecución religiosa cada vez es más fuerte, pero sin visibilidad por el miedo de denunciar este tipo de arbitrariedades”, la investigadora resaltó que “el recién ordenado diácono Alester Sáenz debería estar sirviendo en la Diócesis de Siuna pero la dictadura lo desterró del país después de haber sido secuestrado por policías y paramilitares, pero su vocación se mantuvo viva y los frutos los estamos viendo en este momento”.

“Esta ordenación ha llenado de júbilo al pueblo católico, y también a todas las personas que de una u otra manera vieron crecer esa vocación”, subrayó.

“A pesar de todo, habrá fiesta”

Mons. Silvio Báez presidió el domingo 11 de octubre la Misa de mediodía en la parroquia Santa Agatha en Miami, Florida (Estados Unidos), y reflexionó sobre la invitación de Dios al cielo, un “banquete de manjares apetitosos y excelentes vinos. Una fiesta eterna de vida y alegría”.

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El prelado se refirió a los invitados que responden con violencia y persiguen a los siervos del rey, “figura de los profetas enviados por Dios y perseguidos por los poderosos de turno. Tampoco hoy faltan quienes actúan así”.

El prelado resaltó que “como aquellos invitados, los dictadores de nuestro tiempo tienen el corazón tan oscurecido por la ambición y la crueldad que no sólo rechazan la invitación, sino que también arruinan la fiesta de la vida, convirtiendo la convivencia social en una amarga vigilia de luto, sostenida por el miedo, la amenaza y la represión”.

“Dicen invocar a Dios, pero se festejan a sí mismos; dicen celebrar sus triunfos, pero se aíslan cada vez más. Su aislamiento revela la fragilidad de un poder que no tiene futuro”, denunció, y precisó que “la última palabra sobre la historia no la tienen ellos, sino Dios. A pesar de todo, habrá fiesta”.

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