Al comentar la condena a muerte de Jesús en la homilía de la misa de clausura de su viaje a Mónaco, León XIV condena «la actuación oculta de las autoridades poderosas, dispuestas a matar sin escrúpulos». «¿No es eso lo que ocurre hoy?», afirma, señalando al «poder y al dinero» como ídolos que ciegan y esclavizan, degradando la «riqueza en codicia y transformando la belleza en vanidad».