El Santo Padre visita la parroquia de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, en la periferia este de Roma, un territorio atravesado por numerosas fragilidades y golpeado por la criminalidad. El Pontífice anima a asumir la mirada de fe de Abraham, una luz que Cristo mostró a los apóstoles al transfigurarse: «Ante los problemas que desfiguran al hombre, anunciemos el Evangelio que transfigura la vida. Frente al mal, hagamos perceptible el Reino de Dios».