En su primer discurso en el Principado de Mónaco, en el Palacio de los Príncipes, León XIV se dirigió a la población recordando el “vínculo profundo” que une a la ciudad-estado a la Iglesia de Roma y a la fe católica y exhortó a “profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia y elaborar buenas prácticas locales e internacionales que manifiesten su fuerza transformadora”