El obispo de Roma se reúne en el Aula Pablo VI con cientos de chicos de su diócesis y responde a sus preguntas e inquietudes en una época que a menudo los hace sentir solos, desorientados y perezosos. La exhortación es no ceder a las «máscaras del placer desechable», confiar en el amor de Dios que nunca abandona.