El mural que nació tras los actos vandálicos en Medjugorje: “Dios transforma el mal en bien”

El italiano Andrea Brivio tenía unos ocho años cuando escuchó por primera vez algo sobre las supuestas apariciones de la Virgen María en Medjugorje. Solía ver documentales en televisión sobre esta pequeña localidad de 2.300 habitantes, sacudida por una dura represión del régimen comunista de Tito, en la que seis niños aseguraron que recibieron la visita de la Virgen en los años 80.

Recuerda que repetía con insistencia a su madre que quería visitarlo algún día. Pero tuvo que esperar hasta los 14 años para hacerlo

Aquella primera peregrinación dejó una huella profunda en su vida. “Fue algo hermosísimo porque pude tocar verdaderamente una presencia viva de María”, explica Brivio en declaraciones a EWTN News Español.

Regresó en varias ocasiones durante los años siguientes. Una de las más significativas fue a los 18 años, cuando pasó varios meses en una casa de oración llamada El Rostro de María, situada a pocos minutos del centro de Medjugorje. Un tiempo que define de intensa oración, reconciliación interior y paz profunda.

Brivio, de 25 años, tiene una historia personal ligada a Medjugorje. Pasó allí una temporada cuando tenía 18 años y describe esa experiencia como un “renacimiento” espiritual. Crédito: Cedida Andrea Brivio.
Brivio, de 25 años, tiene una historia personal ligada a Medjugorje. Pasó allí una temporada cuando tenía 18 años y describe esa experiencia como un “renacimiento” espiritual. Crédito: Cedida Andrea Brivio.

Después de aquella experiencia espiritual tomó una de las decisiones más importantes de su vida. Tras probar distintos trabajos, decidió emprender el camino artístico que desde hacía tiempo sentía dentro de sí. Está convencido de que la experiencia vivida en Medjugorje contribuyó a consolidar una vocación que permanecía latente.

Años después, el sacerdote responsable de aquella casa de oración le propuso realizar un gran mural para la cripta del santuario.

“Dije sí con alegría porque para mí era un verdadero honor. Sentía que era una misión a la que estaba siendo llamado”, explica el artista que aceptó sin dudar ese reto, aunque reconoce que también sintió temor ante la magnitud del desafío de tener que pintar un mural de aproximadamente 1,70 metros de ancho por 3,50 metros de alto.

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Nunca había realizado uno de semejantes dimensiones ni había recibido formación específica en esta técnica. Intentó buscar asesoramiento entre profesionales, pero encontró poca ayuda. Además, se enfrentaba a otra dificultad: representar a la Virgen María y a San Juan sin inspirarse en modelos concretos.

“No quería que se parecieran a una persona en particular, ni María ni San Juan”, explica. La paralización que sentía antes de acometer la obra derivó en la decisión de abandonarse a la Providencia. “Está bien, Señor, si me pides que lo haga, lo haré. Pero hazlo Tú”, se dijo ante la enorme pared en blanco.

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Permaneció un mes completo en Medjugorje, desde mediados de julio hasta mediados de agosto de este año, trabajando en la obra en pleno Festival de los Jóvenes. Esos días coincidieron con los actos vandálicos en el santuario en los que acabaron profanando la imagen principal de la Virgen María. Los atacantes prendieron fuego a distintas instalaciones del recinto, entre ellas un altar exterior situado junto a la iglesia de Santiago, y pintaron de negro el rostro y otras partes de la estatua central de la Virgen.

Andrea llevaba ya aproximadamente una semana trabajando en el mural cuando conoció la noticia: «Para mí fue impactante, fue como recibir una bofetada”.

Ver las huellas de la agresión sobre el rostro de la Virgen con aerosoles le “hizo sufrir”, explica. Pero tras varios días de oración, se dio cuenta de que su encargo era en realidad la “responsabilidad de devolver el honor a una imagen que había sido profanada”.

“Pude apreciar cómo Dios transforma el mal en bien. Como, después de todo, vuelve a llevar todo hacia el bien”, explica.

Las figuras de María y San Juan fueron concebidas prácticamente a tamaño natural. La realización del rostro de la Virgen se convirtió en uno de los aspectos más complejos del trabajo. Andrea buscaba transmitir simultáneamente dolor, dignidad y esperanza.

“Quería esforzarme por dar a María la expresión adecuada, transmitir ese sentido de sufrimiento, pero también de realeza. Un sufrimiento que no se repliega sobre sí mismo, sino que es capaz de ver la esperanza más allá”, detalla.

El rostro de María en el mural que pintó el artista italiano Andrea Brivio al pie de la cruz en la casa de oración El Rostro de María en Medjugorje. Crédito: Cortesía Andrea Brivio.
El rostro de María en el mural que pintó el artista italiano Andrea Brivio al pie de la cruz en la casa de oración El Rostro de María en Medjugorje. Crédito: Cortesía Andrea Brivio.

Tras concluir la obra, publicó en redes sociales varios vídeos mostrando el proceso creativo. La respuesta superó todas sus expectativas.

“La reacción fue inmediata. Muchas personas reaccionaron a las imágenes y comenzaron a llegarme mensajes de apoyo desde distintos países. Me conmovió que hubiera una respuesta tan grande de amor”, explica.

Muchas de esas muestras de apoyo procedieron de América Latina y del mundo hispanohablante, una circunstancia que le llamó especialmente la atención. “En aquellos mismos meses meditaba con frecuencia sobre la Virgen de Guadalupe y el impacto histórico de sus apariciones”, relata tras constatar que contempla todo lo sucedido como una experiencia unitaria, marcada por una misma presencia espiritual.

“Veo cómo todo está conectado, cómo María une todo aquello que le pertenece”, concluye.

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