Comentario bíblico al Evangelio del V Domingo de Cuaresma 2026

Comentario bíblico al Evangelio del V Domingo de Cuaresma, el 22 de marzo de 2026, realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Bíblica de Granada.

Estamos a las puertas de la Semana Santa y la liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre el tema de la muerte y esa nueva vida que solo Cristo nos puede dar, esa vida resucitada que “amenaza” nuestra existencia y la llena de una Luz diferente. Como escribía Martín Descalzo: Morir sólo es morir. Morir se acaba.

Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba. Entrar en el camino de la muerte con Jesús es recordar que la Vida nos llega a través de Él.

YO EL SEÑOR, LO DIGO Y LO HAGO (Ez 37,12-14)
En la primera lectura, Ezequiel nos sitúa en un tiempo difícil para el pueblo de Israel desterrado en Babilonia. El profeta ha de luchar contra el desánimo de las personas que no encuentran luz, ni esperanza en un futuro cargado de incertidumbres.

La experiencia del destierro se expresa y se compara con la imagen de la muerte: “Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, ha perecido, estamos perdidos” (37,11). En este contexto, el profeta recibe la palabra del Señor para alentar a un pueblo que se siente muerto y cuyos huesos están ya secos. La Palabra de Dios es confirmación de la esperanza, Él mismo los sacará de sus sepulcros donde se han instalado y los llevará a la tierra de Israel. El pueblo vivirá un segundo éxodo, un camino de la muerte a la vida, una vida que el mismo Dios les va a dar a través de tres acciones: abrir los sepulcros, sacar de los sepulcros e infundir su Espíritu, para volverlos a la existencia.

Al igual que el espíritu de Dios dio el aliento a aquel polvo del suelo y nació a la vida el ser humano (Gn 2, 7), ahora el Señor infundirá el espíritu a su pueblo, y con él, le devolverá la vida y las promesas hechas a Abraham, para que reconozcan a Dios como el Señor que dirige la historia y lo que dice, lo hace.

“TU HERMANO RESUCITARÁ” (Jn 11, 1-45)
El Evangelio de hoy nos presenta el último de los signos de Jesús: la resurrección de Lázaro. Este es el punto culminante de su praxis liberadora. Él ha ido curando de muchos males: la parálisis, la ceguera, el pecado, ahora libera de la muerte; y con ello apunta hacia su misma muerte y resurrección.

En el relato nos encontramos, en primer lugar, con un Jesús muy humano y entrañable, que “se conmueve”, “se estremece” (v. 33) y “llora” (v. 35), al ver el dolor de Marta, María y de todos los que acompañaban a Lázaro. Este gesto nos recuerda que Dios asume nuestra fragilidad, nuestro sufrimiento, nuestra condición de mortales. La compasión de Jesús nos revela que el amor de Dios es personal, cercano y humano, ante nuestra muerte y nuestro dolor.

A continuación, el diálogo con Marta constituye un momento clave en el relato. Jesús está solo con ella y nuevamente flotan en el aire malentendidos. «Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto» (11,21), es su primera frase, una frase de constatación, que no contiene explícitamente ningún deseo pero que, a su vez, apela con todo a Jesús. Marta completa esto concretamente: «Pero incluso ahora, yo sé que lo que le pidas a Dios, él te lo dará» (11,22). La afirmación de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida” nos habla de que toda vida verdadera proviene de Él. Por Él, la muerte no tiene la última palabra; por Él, el pecado y la desesperanza pueden ser vencidos. Jesús ayuda a Marta a poder creer esto. El «saber de Marta» se transforma en un «creer en Jesús». La hermana de Lázaro aparece así, como modelo de creyente porque su confesión de fe coincide con la finalidad para la cual el evangelista ha escrito su obra: “para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios” (20,31).

Finalmente, y antes de realizar el signo, Jesús hace una oración al Padre donde expresa que Él es su enviado. Se acerca donde está Lázaro y le da la orden: “Lázaro sal fuera”. Jesús invita al que lleva cuatro días muerto (11, 39) a ir donde está Él (11,43). Lázaro debe dejar el lugar de la muerte para ir al lugar de la vida. El muerto sale con los pies y las manos atadas con vendas, y la cara envuelta en un sudario, lo que constituye una alusión al mismo Jesús. El Maestro implica a los que están allí a desatarlo y dejar que ande. Lázaro vuelve a la vida por la acción de Jesús, pero su acción liberadora compromete a los que le siguen.

El relato termina constatando que los judíos presentes en casa de los hermanos al ver el signo creen en Jesús, al igual que lo ha hecho Marta.

LA PALABRA HOY
En este último domingo de Cuaresma, Jesús nos muestra que Dios está cercano al sufrimiento humano: llora con nosotros y comparte nuestro dolor. Al decir “Yo soy la resurrección y la vida” nos recuerda que incluso en la tristeza, la enfermedad o la pérdida, Él puede traer vida nueva. La fe nos invita a creer, a confiar en su poder para transformar lo que parece perdido. Dejemos que su palabra nos llene de esperanza y nos anime a vivir en plenitud.

Carmen Román Martínez, op

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