Comentario bíblico al Evangelio del IV Domingo de Pascua

Comentario bíblico al Evangelio en el IV Domingo de Pascua, el 26 de abril de 2026, realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral bíblica de Granada.

Llegados al IV domingo de Pascua, la Iglesia nos propone como cada año contemplar la figura de Jesucristo como el Buen pastor que cuida a su grey. En la primera lectura continuamos leyendo el libro de los Hechos de los Apóstoles, y hoy llegamos a la conclusión del largo discurso que Pedro iniciaba la semana pasada. En esta conclusión se presenta el núcleo de la predicación apostólica: “al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías” (Hch 2, 36). A continuación, surge de forma espontánea e inmediata la pregunta que todos nos hemos hecho al encontramos personalmente con Jesús “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?” (Hch 2, 37). Y cómo no podía ser menos, Pedro responde a los allí presentes animándolos a convertirse y bautizarse para recibir el don del Espíritu Santo.

El salmo, nos hace repetir esta verdad que se celebra como leitmotiv en toda la eucaristía, es decir, que “el Señor es el pastor y con él nada nos falta” (cf. Sal 23, 1). Gracias a la acción del Espíritu Santo en nosotros podemos hacer esta experiencia y descansar en aquel que repara nuestras fuerzas, que nos guía, nos unge y prepara una mesa para nosotros a fin de que podamos disfrutar de su presencia todos los días de nuestra vida.

La segunda lectura se convierte en una gran exhortación para seguir el modelo de Cristo, el cual se entregó por nosotros. Para ello el apóstol Pedro hace una especie de resumen del cuarto cántico de siervo de Yahvé, a la luz del cual se entiende mejor el sacrificio de Cristo. Todo este fragmento concluye recordando el punto de partida y orientando la mirada hacia la meta alcanzada al imitar a Jesús: “Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas” (1 Pe 2, 25).

El evangelio pone en el centro a Jesús descrito como Buen Pastor y Puerta del redil; de esta última definición se concluye que “quien entre por él se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos” (Jn 10, 9), mientras que de la primera imagen podemos admirarnos al estar en presencia de un auténtico pastor que conoce a sus ovejas, que camina junto a ellas, que las apacienta, las guarda, protege. Un pastor cuya entrega llega hasta el punto de hacerse él mismo alimento para su rebaño.

LA PALABRA HOY
En un mundo donde el individualismo y el anonimato se convierten en regla de vida, resplandece hoy con fuerza la imagen del Pastor que, olvidándose de sí mismo, da la vida por sus ovejas. Conoce por su nombre a cada una de ellas, no teme dejar a la noventa y nueve por salvar a la perdida y, sobre todo, es capaz de dejarse comer por nosotros. Este Pastor no se aprovecha de su rebaño cubriéndose con la lana de sus ovejas y devorando su carne, sino al contrario, Él nos viste de incorruptibilidad al darnos la dignidad de hijos y se hace pan y vino que nos sacian, que nos permiten pregustar el cielo, que, en definitiva, “nos hacen tener vida y vida en abundancia” (Jn 10, 10).

Pidamos especialmente en este día al Señor de la mies que continúe enviando santos pastores que apacienten el rebaño, y para que aquellos que ya lo son puedan renovar el anhelo de ser verdadera imagen de Cristo que se entrega.

Moisés Fernández Martín, presbítero diocesano

LEER COMENTARIO BÍBLICO AL EVANGELIO DEL 26 DE ABRIL DE 2026, IV DOMINGO DE PASCUA

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