Beato Álvaro de Córdoba

En Córdoba recuerdan especialmente este 19 de febrero la figura del beato Álvaro de Córdoba, teólogo, confesor real y predicador dominico. Su gran amor y entrega por el Señor le llevaron a ser uno de los reformadores de la orden dominica. Fue precursor del rezo del Vía Crucis.

Nació en Zamora, a mediados del s. XIV, hijo de una familia noble. Entró a la Orden de Predicadores y fue a parar al convento dominico de San Pablo en Córdoba. Se entregaba mucho al estudio y a las obras de piedad. Terminaría siendo Maestro en Teología en la prestigiosa Universidad de Salamanca.

A principios del s. XV empieza a recorrer poblaciones de España, Francia e Italia, predicando según le inspiraba la figura de San Vicente Ferrer. Viaja a Tierra Santa, en donde queda impactado por el Camino del Calvario del Señor. Vuelve con ganas de ser santo y la providencia lo lleva a ser el confesor del rey Juan II de Castilla. Gracias a su mediación, pudo fundar el convento de Santo Domingo de Escalaceli en Córdoba, inspirándose en esta experiencia de Tierra Santa. Es el preludio de la oración del Vía Crucis, entonces llamada Vía Dolorosa.

Escalaceli se convertiría en un lugar de peregrinaciones para los fieles. Allí pasan las noches velando, rezando, llorando sus pecados y pidiendo perdón, antes de terminar cantando por la reconciliación. Murió el 19 de febrero y fue sepultado allí. El Papa Benedicto XIV, aprobó su culto el 22 de septiembre de 1741.

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