Así puedes rezar los 46 Rosarios, una devoción en honor a la Virgen de Guadalupe

Del 28 de octubre al 12 de diciembre, los fieles se preparan para celebrar la fiesta de la Virgen de Guadalupe con el rezo de los 46 Rosarios, una tradición que se relaciona con las estrellas que adornan el manto de la Patrona de México y Emperatriz de América.

Esta devoción, que tiene cerca de 150 años de historia, recuerda las apariciones de la Virgen María a San Juan Diego en 1531 en el cerro del Tepeyac, en lo que hoy es la Ciudad de México.

Según el relato guadalupano, la Virgen pidió al indígena que acudiera ante el Obispo Fray Juan de Zumárraga para solicitar la construcción de un templo en ese lugar. Como señal para confirmar esta petición, Nuestra Señora de Guadalupe le indicó a San Juan Diego que recogiera unas flores en el cerro y las llevara al obispo.

Cuando el indígena abrió su tilma ante el prelado, las flores cayeron al suelo y quedó impresa en la tela la imagen de la Virgen, que se conserva hasta nuestros días en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.

Tras el estudio de la sagrada imagen se han revelado muchas curiosidades. Una de ellas es que el manto que cubre a la Virgen tiene 46 estrellas, las mismas que forman las constelaciones que se vieron desde México el mismo día en el que se apareció Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego.

De acuerdo con información de la comisión de la Novena Intercontinental Guadalupana, creada en preparación para el quinto centenario de las apariciones en 2031, la práctica de los 46 Rosarios se atribuye al Venerable Antonio Plancarte y Labastida, fundador de la Congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe. La tradición habría comenzado el 2 de febrero de 1878.

Devocional 46 Rosarios

Guía para rezar los 46 Rosarios

Ofrecimiento de los 46 Rosarios

¡Oh, Purísima Virgen de Guadalupe, a quien amo tiernamente como a mi verdadera y dulcísima Madre!, dígnate admitirme en tu sagrada presencia. Aquí vengo a ofrecerte, en unión de los ángeles y los santos, uno de los cuarenta y seis Rosarios con que deseo honrarte. Este número debe serte muy agradable, puesto que lo has escogido para que sea el de las estrellas que adornan tu regio manto. También vengo, Soberana Señora, a pedirte el remedio de las necesidades públicas y de las particulares que me aquejan.

[Aquí menciona cada uno su necesidad propia]

¿A quién he de recurrir sino a ti, que eres mi Madre? Muéstrame la suave compasión que mostraste a Juan Diego. Es verdad que no tengo las virtudes de aquel piadoso indígena, mas espero de tu misericordia que me darás un corazón puro y amante como el suyo, para saber agradarte. Entonces podré oír en el fondo de mi alma que alivias mis penas con aquellas mismas dulcísimas palabras que le dijiste:

“Hijito mío, no te aflijas… ¿por ventura no estoy yo aquí que soy tu madre? ¿Por ventura no estás acogido bajo mi amparo? ¿Se te ofrece otra cosa?”

Sí, Madre mía dulcísima, además de la gracia que te estoy pidiendo, te suplico que bendigas a toda la nación mexicana, para que venga a ella el reinado de Jesucristo. Protege de modo especial a quienes somos tus devotos, para que, formando tu familia íntima en esta vida, tengamos la dicha de formar tu corte predilecta allá́ en el cielo, donde contigo alabaremos eternamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.

  Guía: Madre mía de Guadalupe, por tus cuatro apariciones.

  Todos: Antes de cuarenta y seis Rosarios, remedia mis aflicciones.

  Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe.

  Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.

Acto de contrición y oración preparatoria

Acto de contrición

¡Dios y Señor mío, que por mi amor quisiste nacer en un pesebre y morir en la cruz, qué grande ha sido mi ingratitud cada vez que me he permitido ofenderte! ¡Qué grande mi atrevimiento cada vez que he faltado a tu ley! Tú, Señor, mostrando tu misericordia para conmigo, te has manifestado Dios, pues solo en un ser infinito puede caber infinita bondad.

Cada vez que he dado prueba de mi pequeñez, de mi ingratitud y de mi nada, me has dado prueba de tu misericordia infinita. Por eso ahora vengo arrepentido a implorar tu perdón, tanto más necesario cuanto más pecador me considero. ¡Perdón, Dios mío! ¡Padre amantísimo! Te ofendí y, al considerarlo, siento grandísimo temor; pero al verte en la cruz renace mi confianza y puedo esperar ser perdonado.

Así lo espero ciertamente, y por esto te digo con David desde el fondo de mi alma: ¡apiádate de mí, Dios mío, según tu gran misericordia! Amén.

Oración preparatoria

¡Oh, Virgen de Guadalupe!, que nos has descubierto en el Santo Rosario el medio para vencer a nuestros enemigos, el escudo para defendernos de sus asaltos y la escala que nos conducirá al paraíso, ayúdanos cuando recurramos a ti con esta oración. Haz que podamos merecer por ella las gracias necesarias, no solo para nosotros, sino también para quienes amamos, para los pobres pecadores, los moribundos, las almas del purgatorio y todo el mundo cristiano. Amén.

Ahora se reza el Santo Rosario

Después de cada misterio, se reza un Gloria y una de las siguientes jaculatorias:

  Guía: Virgen de Guadalupe, por tus cuatro apariciones.

  Todos: Antes de 46 Rosarios, remedia mis aflicciones.

  Guía: De tus divinos ojos penden nuestras felicidades.

  Todos: Míranos, Señora, y no nos desampares.

  Guía: María, Madre de gracia, Madre de misericordia.

  Todos: En la vida y en la muerte, ampáranos, gran Señora.

  Guía: Por tu limpia concepción, soberana Princesa.

  Todos: Una muy grande pureza te pido de corazón.

  Guía: Mi corazón en amarte eternamente se ocupe.

  Todos: Y mi lengua en alabarte, Madre mía de Guadalupe.

Oraciones después de los misterios

Después de los misterios, se rezan tres Ave Marías, saludando a la Santísima Virgen como Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo.

1. Dios te salve, Santísima María de Guadalupe, faro resplandeciente que nos conduce al puerto de salvación, luz divina que ilumina a los bienaventurados, flor preciosa que esparces suavísimos olores. Dios te salve, Hija del eterno Padre, Virgen purísima antes del parto. Dios te salve, María…

2. Dios te salve, Santísima María de Guadalupe, vida de los santos, alegría de los ángeles, esperanza de los hombres, nube luminosa en cuyo seno bajó el Hijo de Dios. Dios te salve, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima en el parto. Dios te salve, María…

3. Dios te salve, Santísima María de Guadalupe, paloma castísima, modelo de amor, lirio de pureza, símbolo de castidad. Dios te salve, Esposa del Espíritu Santo, Virgen purísima después del parto. Dios te salve, María…

Dios te salve, Santísima María de Guadalupe, océano de gracia, manantial de misericordia, soberana emperatriz del cielo y de la tierra, sagrario de la Trinidad Augusta, Virgen concebida sin pecado original…

La Salve

Se reza la Salve: “Dios te salve, Reina y Madre…”

Oración de la mañana y de la noche

Por las mañanas, cuando me levanto, mi primer suspiro lo dirijo a ti y te rezo tres Ave Marías para que en el día te acuerdes de mí. Estas son, Señora, tres Ave Marías que toda mi vida yo te prometí, y te ruego que cuando yo muera, piadosa, entre tus brazos me lleves a ti.

Por las noches, antes de acostarme, con tiernas plegarias me dirijo a ti y me duermo tranquilo, soñando que tus bellos ojos velen sobre mí.

  Guía: De tus divinos ojos penden nuestras felicidades.

  Todos: Míranos, Señora, y no nos desampares.

Letanías lauretanas

Se rezan las Letanías Lauretanas y las oraciones finales acostumbradas.

Consagración y oraciones finales

Consagración a la Santísima Virgen María

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos siempre de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oh Dios, cuyo unigénito Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos alcanzó el premio de la vida eterna, concédenos a quienes recordamos estos misterios del Santo Rosario imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oh, Señora mía, oh, Madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti y, en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser, ya que soy todo tuyo. Oh, Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.

  Guía: Santa María de Guadalupe, Reina de México.

  Todos: Salva nuestra Patria y Conserva nuestra fe.

Oración de la Novena Intercontinental Guadalupana

Santísima Virgen de Guadalupe,
Madre del verdadero Dios por quien se vive.
Nos presentamos ante ti, sintiéndonos
pequeños y frágiles como Juan Diego.
Ante tu rostro mestizo, que nos une
como hermanos, acudimos a tu inmaculado Corazón, pidiendo especialmente en esta Novena Intercontinental Guadalupana,
por las intenciones del pueblo de Dios.
Intercesora nuestra, alcánzanos de tu Hijo
la fe y la esperanza, la fortaleza y serenidad.
Sé caricia maternal que guíe y conforte
nuestro peregrinar por la vida.
Haz que, de tu mano y cobijo, permanezcamos firmes e inconmovibles en Jesús, tu hijo,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Oraciones y jaculatorias

Oración: Consuelo de los afligidos

¡Consuelo de los afligidos!, permíteme llegar a ti para depositar en tus manos mis penas, mis temores y mis deseos. Acuérdate, Señora, de que tu divino Hijo nada te niega y válte de tu poder en mi favor. ¿Necesitaré hacerte el relato de mis necesidades para que me alcances remedio? Bien sé que no; por lo mismo, me limito a rogar por mí y por los míos, por las necesidades de la Santa Iglesia y por mi patria amada por ti.

Óyeme, Señora; acuérdate de que eres mi refugio, porque soy pecador; mi consuelo, porque estoy afligido; y mi Madre, mi amorosísima Madre. Estoy cierto de que te acordarás de todo esto, y me basta para quedar consolado. Dame tu bendición antes de que abandone este lugar, recibe mi agradecimiento por los consuelos recibidos por tu intercesión y concédeme la gracia de alabarte siempre en la eternidad. Amén.

Jaculatoria

Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes; ven conmigo a todas partes y nunca solo me dejes. Ya que me proteges tanto como verdadera Madre, haz que me bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

Oración por los pueblos de América Latina

¡Inmaculada Virgen de Guadalupe, celestial Patrona de la América Latina!, salva a nuestras repúblicas, a sus gobernantes y a todos nuestros pueblos. Haz que todos tengamos una sola alma en la fe cristiana; un solo amor, el de la propia patria; una sola ambición, la mutua independencia de la raza y el esplendor de toda la América Latina.

Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra, salva a nuestra patria. Virgen de Guadalupe, Reina de México, sálvanos.

Cantos sugeridos y recomendaciones

Para los momentos entre misterios se recomienda cantar La Guadalupana; A ti Virgencita; Buenos días, Paloma Blanca y la Cantata Guadalupana.

Por otro lado, la Comisión de la Novena Intercontinental Guadalupana propone acompañar esta práctica con un signo visible: colocar una estrella cada día, siguiendo las posiciones del manto de la imagen, hasta completar las 46. También recomienda imprimir las estrellas y acompañar cada una con una petición especial.

En las parroquias, los templos o las comunidades, se insta a preparar un arco alrededor de una imagen de la Virgen de Guadalupe e ir colocando una estrella diariamente, junto con una intención de oración.

Se invita a concluir con un altar digno a Santa María de Guadalupe y con la celebración de la Misa.

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