Cada noche se registran en la capital marchas o concentraciones permanentes formadas sobre todo por jóvenes, que se han convertido ya en el verdadero motor de lo que se conoce como la «Revolución de los Flamencos» y que ya no se limita únicamente a la cuestión urbanística y medioambiental, sino que se ha transformado en una protesta contra la corrupción, la falta de transparencia en las inversiones estratégicas, la emigración de los jóvenes y la consiguiente despoblación del país.