Homilía de Mons. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del Domingo de ramos, celebrada en la Catedral Metropolitana de la Encarnación de Granda, el 29 de marzo de 2026, previa bendición de ramas y palmas en la iglesia del Sagrario-Catedral y posterior procesión.
Queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas;
queridos hermanos y hermanas;
querida Confradía Sacramental del Sagrario:
Sólo unas palabras, porque lo más importante ha sido la proclamación de la Pasión del Señor según San Mateo. Decía santo Tomás de Aquino, el gran teólogo de la Iglesia, que había aprendido más de un crucifijo que de todos los libros.
Al comienzo de esta celebración, ya en la Catedral, en la llamada Oración colecta hemos pedido al Señor aprender las enseñanzas de la Pasión, para participar de la Resurrección de Cristo.
Yo os pediría, y me pediría a mí mismo, que abramos los ojos del corazón esta Semana Santa -una más, sí, si queréis-, para, como habéis hecho hoy, participando en la celebración litúrgica, aprendáis los Misterios cristianos. Lo que va a salir en nuestras calles, lo que se refleja en nuestros bellos pasos, no es otra cosa que, de una manera plástica, reflejar, a través de la belleza, a través de la devoción heredada de nuestros mayores, esa fe en el Misterio de la Pasión y Resurrección del Señor. Ahí están esas Imágenes, pero el relato, como hoy se dice, la historia es la que ha sido proclamada y la que nos ha salvado.
Jesús nos dice en el Evangelio que “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Ojalá nosotros nos metamos en la Pasión del Señor, como ha sido proclamada hoy. Miremos a estos personajes y seguro que nos representan a todos de alguna manera, de una manera o de otra (la cobardía de Pedro, la huida de los discípulos…), pues, vemos la entrega de Jesús, vemos cómo Pilato se lava las manos, vemos cómo el Señor se siente incluso abandonado y representa también a esa humanidad que sufre; que ha querido, como nos ha dicho la Segunda Lectura, tomar nuestra condición humana pasando por la muerte de cruz, para que nada humano le sea extraño -el dolor, el sufrimiento-, por eso nos entiende, por eso nos ayuda. Hemos escuchado en el Antiguo Testamento que nos dice cómo iba a ser la pasión, especialmente en los Cantos del Siervo del libro de Isaías, cómo Jesús se nos presenta en su humildad. Ojalá aprendamos esta lección.
Os recomiendo, y no en vano la Virgen acompaña los pasos de Semana Santa, que nos cojamos de la mano de Ella; que miremos con sus ojos la Pasión estos días. Y saquemos también una lección para nuestra vida de que ese amor de Cristo “amor con amor se paga”, y seamos mejores cristianos.
Así sea.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
29 de marzo de 2026, Domingo de ramos
Catedral de Granada
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