Nuestro arzobispo D. José María da gracias a Dios por librarnos de daños personales y recuerda la convocatoria del 14 de septiembre, en la procesión de rogativas con el Santísimo Cristo de San Agustín.
Nuestro arzobispo Mons. José María Gil Tamayo celebró en la Catedral ayer domingo la primera Eucaristía tras reabrirse el templo catedralicio para las eucaristías dominicales y que hubo de cerrarse este verano a causa de los terremotos.
Mons. Gil Tamayo dio la bienvenida a los fieles y expresó su alegría por reencontrarse con ellos, al mismo tiempo que dio gracias a Dios por librarnos de consecuencias y daños personales, ya que “los daños materiales se pueden arreglar”.
Siguiendo el Evangelio del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (Mt 18, 15-20), Mons. Gil Tamayo habló del amor cristiano, recordando las palabras de san Pablo, y recordó la dependencia de unos con otros, que -recuerda el arzobispo- nos dimos cuenta ya en la pandemia del covid.
“Y entonces, nos damos cuenta de que, como lo vimos en la pandemia. No somos dioses. Necesitamos pedir ayuda al Señor. Necesitamos confiar en Él. Y por eso, el Señor nos dice, cuando dos o más de vosotros se ponen de acuerdo en pedir algo, mi Padre se lo concederá”, señaló.
En este sentido, Mons. Gil Tamayo recordó la procesión de rogativas con el Santísimo Cristo de San Agustín, que saldrá en procesión por los alrededores de la catedral de Granada, el 14 de septiembre, tras la Eucaristía en la Catedral de 19 horas.
“Vamos a sacar para darle gracias al Cristo de San Agustín. No porque hagamos cosas de magia, ni mucho menos. No porque tengamos una fe infantil. No porque no creemos en el poder de la ciencia (…) Tenemos que darle gracias a Dios, porque la construcción se ha ido avanzando con normativas que impiden que nuestros edificios se caigan”.