En la solemne Misa pontifical presidida esta mañana, 5 de agosto, en la Basílica de Santa María la Mayor, el cardenal Arcipreste recordó la prodigiosa nevada de mediados de verano en Roma en el año 538, en el lugar donde la Virgen, apareciéndose en sueños al Papa Liberio, deseó que se construyera una iglesia en su honor. Ese milagro es «un símbolo de la gratuidad del amor divino, que sorprende al hombre y hace fructificar lo que parecía estéril».