Uno de los aspectos más dramáticos de la situación es el llamado «confinamiento forzado». En muchas zonas rurales, comunidades enteras no pueden salir de sus aldeas debido a la presencia de grupos armados que controlan las carreteras, los accesos y los recursos. Esto significa que las personas no solo son desplazadas, sino que, en algunos casos, también quedan «atrapadas» en esos territorios, privadas de libertad de movimiento, acceso a alimentos, atención médica y educación.