“Que mantengas vivo el espíritu que está detrás de estas piedras”

Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía de la toma de posesión del nuevo Capellán Mayor de la Capilla Real de Granada, celebrada en la Capilla de Granada el 5 de julio de 2026.

Querido don Manuel Reyes,

Querido don José Carlos,

Queridos sacerdotes capellanes reales de esta insigne Real Capilla,

Querido deán de la Catedral,

Querido abad del Sacro Monte,

Querido don David,

Queridos seminaristas,

Querida madre y familia de don José Carlos,

Queridos familiares y amigos,

Queridos hermanos y hermanas en el Señor,

Acabamos de escuchar la Palabra de Dios y la verdad es que podíamos aprovecharnos de una parte del Evangelio, donde el Señor nos dice “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”. Y a final de curso, y ya en el mes de julio, un mes vacacional, pues nos vendría muy bien esta palabra de Dios que hasta el Señor nos dice que descansemos.

Pues no voy a ir por ahí. Claro que merecemos descansar. Y esto es lo que le decía a don Manuel, a quien agradezco todos estos años. Estas tres décadas, al frente de la capellanía real de esta insigne y real Capilla. Don Manuel, ya es tiempo de que descanse, que se ocupe de sí mismo, y no de tantas y tantas cosas en las que ha servido a esta Diócesis de Granada en los diferentes cargos de responsabilidad. Y sobre todo aquí, en esta insigne y real Capilla, que nos la ha descodificado para que nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, podamos aprender de lo que aquí en estas paredes se refleja. Y sobre todo, del significado que supone este templo, que es mucho más que un templo precioso, un templo que ha puesto el paso del gótico al Renacimiento. Pero pesa sobre todo tantas y tantas realidades importantes para la ciudad de Granada. Importante para nuestra nación, importante para América Latina y Filipinas.

Esta capilla es toda una lección. No es simplemente un homenaje a unos reyes insignes, también, a los Reyes Católicos. No es simplemente un monumento funerario que recuerda la memoria de unos difuntos, sino que está expresando aquello que dio razón de ser, especialmente, a la reina Isabel Primera de Castilla, la Reina Católica, la sierva de Dios. Y es la de la gloria de Dios.

Y al mismo tiempo, en lo humano, el reflejo como una adelantada de su tiempo. Descubriendo en los seres humanos, el reflejo y la imagen de Dios. Por tanto, su igual dignidad. Y esto, de manera incipiente, pero real en su en su gobierno. Ella lo quiere llevar a la práctica, con las limitaciones de una mentalidad todavía con trazos de vasallaje, con los trazos del antiguo régimen medieval.

Pero ella, que después lo plasmaría en la Escuela de Salamanca, con todos los grandes teólogos de la Universidad de Salamanca. Plasmaría en el derecho de gentes, en el derecho que daría lugar después el derecho internacional. Y que el Papa supo también resumir de manera tan elocuente, tanto en el discurso en su recepción en el Palacio Real, del que fui testigo, en su única visita, por ahora, a España.

Y lo mismo en el Parlamento, en las Cortes Generales de nuestro país. La reina Isabel, los Reyes Católicos, pero la Reina, sobre todo, dejó esa impronta que se materializa en esta Real Capilla. Donde su devoción, especialmente con la devotio moderna del aprecio a la humanidad de Cristo, nos enseña y nos dirige la mirada a Cristo. Al Señor esperado que canta hoy el profeta, y que invita al gozo y la alegría de cuando lleguen los tiempos mesiánicos a anticiparlo.

Ese gozo y esa alegría es la que le hemos pedido al Señor, precisamente, en la oración colecta. Que le hemos dicho que Dios, “mediante la humillación de tu Hijo, has levantado en la humanidad caída, nos concedas el gozo. La santa alegría de gozar la condición de libres, de salidos del pecado y de la esclavitud del pecado a la libertad de la gracia de los hijos de Dios.”

Ese paso de la esclavitud a la libertad lo ha proclamado Isabel permanentemente, y ha entendido su acción evangelizadora que promovió en el Nuevo Mundo como una acción liberadora. La teología de la liberación no llega en el siglo XX. Llega, ya en el fondo, con el Evangelio proclamado. Ese Evangelio que tienen que ser para nosotros las claves, y esas claves los las ha dado el Señor, precisamente, y solo las entendemos desde el propio Evangelio, desde la sencillez, desde la humildad.

“Te doy gracias, Padre, Señor de Cielo y Tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado los sencillos.” En esa condición es la que entiende el Evangelio Isabel la Católica. A pesar de su realeza, ella lo entiende. Desde esa lógica, que es la lógica de la Cruz, que es la lógica de Jesucristo. Que es la lógica de la que muestra su devoción, su oración, su vida de piedad.

Jesucristo es el centro para ella. Y eso lleva a tener el Espíritu de Cristo, al que nos invita hoy la Carta a los Romanos, precisamente del capítulo ocho, que es la vida en el Espíritu. San Pablo describe esa vida en el Espíritu y nos dice que quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Isabel, la Reina Católica, sí tenía el Espíritu de Cristo.

Nosotros estamos llamados a vivir ese mismo Espíritu que nos hace tener la lógica de ese Espíritu. La lógica del Evangelio, la lógica de la sencillez, la lógica de las bienaventuranzas, la lógica de la Cruz. Y no la lógica de la carne, la lógica del mundo, la lógica del poder. Esta es la lección que nos da la Palabra de Dios en este domingo. Y en este día, querido José Carlos, se hace realidad lo que tus hermanos del Cabildo de este capítulo real de esta Capilla insigne te han encomendado.

Tiene que ser esa lógica. Y aquí no conservas arte. No eres un conservador de arte, no eres alguien que simplemente mantenga esto. Sino que mantengas vivo el espíritu que está detrás de estas piedras, detrás de estas obras de arte, detrás de estas rejas, detrás de tanta y tanta belleza, que ciertamente es un camino hacia Dios. Que ciertamente ya explicita la manera de entender del Espíritu. Las cosas nobles y grandes, de unidad, de grandeza, de apertura a la trascendencia, de igualdad de los seres de humanos, de esperanza en la Resurrección. Todo eso que se lee en los cuadros, en las obras de arte, en la configuración arquitectónica, en su retablo, con especial devoción de los santos Juanes, el Bautista y el evangelista. Y sobre todo con Santa María en el centro, la Madre de Dios y Madre nuestra.

Querido José Carlos, sigues y recoges un testigo. Aquí no hay una alternancia de poder, porque no es esa la clave. Aquí no hay una alternancia de un cargo sin más, y que ahora viene otro que representa otra cosa. No, aquí se recoge un testigo para continuar un camino del que es depositario en su trazado la Iglesia de Granada. La Iglesia que tanto contribuyó a crear los Reyes Católicos, que tanto Hernando de Talavera puso empeño en poner con estilo nuevo. Ese estilo al que nos ha llamado el Papa León XIV, en su discurso a los obispos españoles.

Queridos amigos, querido José Carlos, a tomarte en serio, como hace siempre esto, el Señor, a los capitulares. Podría haber sido cualquiera de ellos. Les ha dado unos dones, gracias a Dios. Ahora, todos en comunión y en unidad, a seguir poniéndolo por obra, para preservar esta capilla, que no solo el Cabildo de esta insigne Iglesia ha puesto en tus manos, José Carlos, sino toda la Iglesia de Granada y su Arzobispo.

Adelante. Y no digo a engrandecer, porque ya es grande, pero sí a conservar, a difundir y todos a mostrar un estilo que es el del Evangelio y que el Papa, tomando pie de Hernando de Talavera, ha querido que lo vivamos también ahora como estilo evangelizador. Como manera de presentar el cristianismo, mostrándolo, no imponiéndolo, ofreciéndolo, no exigiendo. Sin más. Y ese es el estilo que nos enseñaron los que fundaron esta casa.

Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra. Que Santa María, nuestra Reina y Señora, la omnipotencia suplicante, te ayude. Y cuenta con nuestra oración y nuestro apoyo.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Capilla Real de Granada
5 de julio de 2026

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