En los cursos de protección al menor y personas vulnerables, organizados por esta Oficina diocesana.
Durante el año 2026, más de 1.100 agentes de pastoral se han formado en entornos seguros en la Iglesia, dentro de los cursos organizados por la Oficina de Protección al Menor y Personas Vulnerables de la Archidiócesis de Granada. Entre estos agentes de pastoral, están sacerdotes, seminaristas, maestros, profesores, catequistas, voluntarios, miembros de hermandades y cofradías, y demás colaboradores de parroquias e instituciones diocesanas.
Esta formación, que se ha desarrollado con el lema “Educar para proteger”, “nace de la convicción de que proteger al menor es una responsabilidad pastoral, ética y comunitaria, que implica tanto a personas concretas como a toda la institución”, explica la Oficina diocesana.
El objetivo es seguir construyendo entornos eclesiales seguros y responsables, donde el menor pueda desarrollarse con confianza y protección, y, al mismo tiempo, contar con una preparación clara y responsable que prioriza la prevención mediante el Código de Buenas Prácticas y garantiza una respuesta inmediata y firme, desde la tolerancia cero, a través del Protocolo de Actuación ante cualquier situación de riesgo o abuso.
NUEVAS FECHAS PARA LA FORMACIÓN
Una vez concluido el curso, la Oficina de Protección al Menor y Personas Vulnerables está organizando nuevas jornadas formativas para agentes de pastoral. Así, entre las fechas programadas figuran las del 26 de septiembre, en la parroquia del Buen Pastor; el 3 de octubre y el 14 de noviembre, el arciprestazgo de Motril, en la parroquia Divina Pastora y en la parroquia de La Rábita, respectivamente; y el 21 de noviembre, para la Delegación de Hermandades y Cofradías, en el Colegio Virgen de Gracia.
Las personas interesadas en esta formación de protección y entornos seguros pueden contactar con la Oficina de Protección al Menor, en la Curia Metropolitana, o bien en las citadas parroquias.
Desde la Oficina diocesana de Granada se propone esta formación y la creación de entornos seguros no sólo para conocer los protocolos en esta materia, sino como un compromiso para promover un estilo de vida eclesial basado en el cuidado de las personas, la corresponsabilidad y el buen trato.