El «hijo de San Agustín» convertido en Pontífice de la Iglesia universal

Religioso de la Orden de San Agustín, León XIV, haciendo tesoro de la experiencia y las enseñanzas del obispo de Hipona, en la búsqueda de Dios, en el deseo de imitar a Cristo, en la fraternidad y en el servicio a la Iglesia, vive plenamente el carisma de la familia agustiniana. Ha mantenido los ritos y devociones propios de la Orden y, en ocasiones, se ha reunido con sus hermanos para momentos de convivencia. Su invitación a tender puentes de diálogo y a respetar las diferencias.

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