En un año de pontificado, el Papa ha instado cientos de veces a una reconciliación «desarmada y conciliadora». A los «señores de la guerra» que convierten su poder en un «ídolo mudo, ciego y sordo», les ha respondido con la invitación a escuchar una «melodía superior a nosotros mismos». Una armonía para bailar cuando el mundo parece olvidar incluso «la luz».