En la misa celebrada en el estadio de Malabo, última cita en Guinea Ecuatorial, León XIV recordó que cuando impera la «tristeza individualista», fruto de un corazón avaro, «es precisamente el amor del Señor el que sostiene nuestro compromiso, sobre todo al servicio de la justicia y la solidaridad». Con Dios, aseguró, «nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados».