El Evangelio nos capacita «para un camino de purificación y conversión que nos conduce a la libertad de los hijos de Dios»: así concluye el predicador de la Casa Pontificia la cuarta y última meditación de Cuaresma de hoy, 27 de marzo, en el Aula Pablo VI, en presencia del Papa. El capuchino reinterpreta el último tramo de la vida y la muerte de San Francisco, quien «aprendió a aceptar su propia fragilidad», descubriendo que la mayor libertad es ponerse al servicio de la Iglesia y del mundo.