En una tierra bendita, la sucesión de acontecimientos, mayormente negativos, si se interpreta con fe, también puede conducir a una esperanza desarmada. El dolor causado por el conflicto y la violencia, el futuro arrebatado a jóvenes y niños, el sufrimiento de una humanidad herida, exigen la verdad de la paz, no la rendición a la injusticia y la desesperación.