El futbolista francés André-Pierre Gignac disputó un partido el jueves 5 de noviembre, pero esta vez sus rivales no fueron jugadores profesionales sino jóvenes que se preparan para el sacerdocio en el Seminario Arquidiocesano de Monterrey en México.
El encuentro formó parte de un torneo deportivo celebrado en las instalaciones de Casa Juárez en honor a San Teófimo Mártir, patrono de esta casa de formación. Esta tuvo un invitado especial: el propio delantero del club mexicano Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
En entrevista con EWTN News Español, el P. Jesús Treviño Guajardo, rector del seminario, contó que fue el mismo futbolista quien pidió “conocer el seminario y de compartir no sólo la fe, sino también un momento deportivo con los jóvenes seminaristas”.
Gignac llegó hace más de una década al fútbol mexicano para defender los colores de los Tigres procedente de la Ligue 1 francesa.
Desde entonces se convirtió en una de las figuras más reconocidas del fútbol mexicano, ya que con el equipo universitario conquistó varias hazañas, entre ellas 5 títulos de la Liga Mx y una Liga de Campeones de la Concacaf.
Su trayectoria además incluye participaciones con la Selección de Francia en el Mundial de 2010, la Eurocopa 2016 —donde fue subcampeón—, y los Juegos Olímpicos de 2020.
Más allá de su palmarés, la visita permitió ver otra faceta del jugador también conocido como “El Bómboro”: su vida de fe. De acuerdo con información compartida a EWTN News Español, Ginac es católico y recientemente se acercó a la Iglesia para recibir la Confirmación.
Para el P. Treviño Guajardo, el deseo del futbolista de conocer más sobre su fe, después de completar los sacramentos de iniciación cristiana, “representa una manifestación viva de cómo actúa el Espíritu Santo”.
“Así inspirándonos y dando testimonio, así ha actuado el Espíritu Santo desde el inicio de la Iglesia después de la Pascua”, afirmó.
Por otro lado, el sacerdote aprovechó el encuentro para destacar la importancia del deporte como integrador en la formación humana.
“Nos ayuda a orientar todo nuestro ser (espíritu, corazón, mente y fuerzas) hacia el bien, hacia la vida comunitaria, hacia la búsqueda de objetivos comunes que destierren el individualismo egoísta que tanto nos seduce en estos tiempos”, concluyó.