La esperanza en la resurrección y la comunión de los santos son las dos verdades “que iluminan nuestra oración por los difuntos”, afirmó el Papa León XIV en su homilía del jueves 5, durante la Misa ofrecida por el eterno descanso de los cardenales y obispos que han fallecido en el último año.
Es costumbre que los pontífices celebren esta Misa cada año a principios de noviembre. La lista de los nombres por quienes se ofrece la Eucaristía aparece impresa en las primeras páginas del folleto litúrgico. Este año, la Misa se ofreció por siete cardenales y 136 obispos.
Durante la Misa, celebrada en latín en el Altar de la Cátedra en la Basílica de San Pedro, el Papa reflexionó sobre el tema del servicio. Señaló que “quien sigue a Cristo se convierte en su servidor y estará siempre allí donde Él esté, precisamente porque ha seguido su camino”.
Basándose en la primera lectura de la liturgia, el Papa reflexionó sobre la esperanza de la resurrección, un tema ya presente en el Antiguo Testamento. Dijo: “Recordar a nuestros hermanos difuntos en el altar del Señor, se basa en la promesa de que nuestra vida, en Cristo, no se pierde, porque ha sido redimida”.
Además, “si, como subraya la Escritura, no existiera la resurrección, sería vano rezar por los muertos”. Por tanto, “rezar en sufragio de los difuntos significa celebrar la vida. Sobre todo, la vida resucitada de Cristo el Señor, y por gracia suya la nuestra, que en Él resurge. El sacrificio eucarístico es el memorial de su Pascua, mediante la cual nos ha salvado entregándose a sí mismo por nosotros. No dejemos, por tanto, que el recuerdo de los difuntos se reduzca a mera nostalgia: en la fe meditemos sobre el misterio de la muerte sin miedo, porque el Señor está vivo, nos espera y ya ha preparado un lugar para nosotros en la casa de su Padre”.
Este acto de encomienda tiene su raíz en la esperanza en la comunión de los santos, señaló.
«Cuando oramos por los difuntos, lo hacemos no solo por ellos, sino también con ellos, implicados en una reciprocidad que el Espíritu Santo vivifica en nuestros corazones. La Iglesia es misterio de comunión entre Cristo, la cabeza, y nosotros, sus miembros; de Él recibimos la vida. Esta comunión une a los espíritus bienaventurados que ya contemplan el rostro de Dios y a todos aquellos que, en el cielo o en la tierra, están en camino hacia la meta luminosa».
Por ello, el Papa concluyó: «En Cristo la muerte no deshace los vínculos, sino que los transfigura en una nueva dimensión, que se comprende solo en el misterio de su amor entregado hasta el fin en la cruz y derramado después de la victoria pascual”
“Acogiendo, por tanto, en la Santa Eucaristía, la caridad del Señor Resucitado, custodiemos y cultivemos siempre en nuestro camino esta comunión, para que cuando llegue nuestra hora podamos también nosotros recibir el sufragio de los hermanos peregrinos y gozar con todos los santos de la alegría de la patria celestial».
Tras la Misa, el Papa León XIV visitó las grutas vaticanas, ubicadas bajo la Basílica de San Pedro, para orar ante las tumbas de algunos de sus predecesores en el pontificado, entre ellos San Pablo VI, el venerable Pío XII y Benedicto XVI.
Publicado originalmente en ACI Stampa. Traducido y adaptado por el equipo de EWTN News Español.